viernes, 14 de septiembre de 2007

Una Simple Historia de Amistad

Y a pesar de todo, del tiempo,
de la distancia, de las cosas que no dijimos,
de lo que no hemos compartido,
seguimos firmes en un mismo sentimiento.
¡Simplemente...somos amigos...!

Somos Amigos. Autor desconocido


A medida que he escrito estas historias, he pensado muchísimo en quienes verdaderamente debía incluir. No quería ser injusto con nadie. Ni dejar fuera a ningún personaje. En esa perspectiva es que aparece este hombrecillo.

Guillermo Campos. Simplemente Memo para sus amigos. Era un hombre introvertido. Y una de las primeras personas con las que tracé lazos en aquel curso que durante 12 años me acompañó en este deambular por la vida colegial.

Somos opuestos en muchos sentidos. Pero a mediados de los 90 nos unió uno de los deportes más apasionantes del mundo: el basquetball. Él, tenía un talento innato para practicarlo, a pesar de su pequeña estatura. Yo simplemente la intuición y la mucha observación que me ha servido siempre para tener cierta habilidad para practicar muchos deportes. Además, la NBA siempre la he considerado un espectáculo deportivo espectacular.

Es extraño, pero durante este año que he escrito sobre mi vida, me ha pasado regularmente que no logro acordarme de momentos específicos en los que empezamos a hacer amigos. Sólo recuerdo, de golpe, tú y yo jugando en mi casa o en la tuya. Ya fuera fútbol, basquetball, ping – pong o lo que fuera. Dentro o fuera de a casa. En el computador o en la práctica.

También recuerdo el tiempo en el que mi abuelo nos traía a ambos desde el colegio. Y la cantidad de veces que nos repudió porque nos quedábamos jugando ping – pong o basquetball. Éramos fanáticos del deporte y los únicos que nos seguíamos en aquellos vicios. Bastante sanos, por lo demás.

Asimismo, creo que, sin temor a parecer presumido, me “usaste” para practicar tu lanzamiento. Porque yo era un tipo alto, igual a los que generalmente te marcaban. Y eso te permitió pulir aquel tiro que tantas veces encestaste en las diferentes canchas en las que jugaste.

Recuerdo también aquellas interminables tardes y noches que jugamos NBA Live 2000. Descubrimos ese juego y casi nos enviciamos. Jugamos, jugamos y no paramos de jugar, durante casi todo un año. Ese año aprendí mucho de ese deporte. De técnicas, de nombres, de conceptos propios del basquetball. Y créeme que si algún día, como periodista deportivo, comentó o cubro basquetball, me acordaré y usaré muchos conceptos que aprendí en aquellas tardes que pasábamos entre triples, porcentajes de efectividad y clavadas.

Bueno, eso fue hasta como primero medio. Luego, tomamos “rumbos distintos”. Y bien entre comillas porque en el curso tan conversador y amigos entre ellos como el nuestro era difícil perder el contacto. Sólo que nos alejamos un poco.

Sin embargo, siempre he sentido que yo conozco a otro Memo. Porque conmigo no se aparece el Memo agrandado, cabrón y vanidoso que muchos odian. O no sé si yo soy tanto o más agrandado y por eso lo acepto y me cae bien.

Sencillamente, quiero usar este espacio para narrar una historia de buenos y grandes amigos. Quizás no nos vemos tanto, pero, cuando nos vemos, la pasamos bien. Nos tenemos confianza. En fin, es una verdadera amistad.

Finalmente, quisiera decirte algo que probablemente te diste cuenta con el sólo hecho de saber que salías nombrado en este “libro”. Y esto es, que eres una persona re especial para mí. Porque eres de los primeros amigos que recuerdo. Siempre me ha sorprendido que todos los años, lo más temprano posible para ti, me mandas un mensaje por mi cumpleaños. Junto con Pansho, la Piera y la Marce Fernández y Alexis, eres de los pocos que siempre se acuerdan de mi cumpleaños Y eso se agradece.

Te sabes mi celular de memoria, creo. Y eso es sintomático de que soy una persona que te importa. Intenté ser lo más claro posible estas líneas, sin usar palabras rebuscadas, para que tu mente ingeniera no se viera tan forzada. Jajajajaja!

Esa es una mala broma. Como las que hago siempre. Pero lo que no es una broma es todo lo que te he dicho. Si conozco bien a este personaje, tengo clarísimo que la frase con la que voy a terminar estas líneas lo encontrara gay. Pero te lo voy a decir igual. Porque me gustaría que te lo grabaras. Porque aunque no nos veamos todo lo seguido que quisiéramos, pero al fin y al cabo, ambos sabemos que podremos contar siempre con el otro. ¿Sabes por qué? Porque te quiero.

PD: ¿Súper gay, no?

Mi Niñez: Un Trébol de Cuatro Hojas

Una pelusa en la solapa,
falta de tinta para la pluma,
llegar a misa tarde
–en sumalas ocurrencias de un domingo,
muestran que el hombre en su adultez,
so capa de menudencia es un niño,
es un signo.

De muerte. Armando Uribe


Dos personas, una familia y un lugar. Cuatro patas de una mesa, que, durante gran parte de mi infancia y adolescencia juegan un papel importante. Sideralmente importante. Y aparecen juntos, simplemente porque me pareció coherente para la sistematización de las historias que así fuera.

La verdad, esta es una de las últimas historias que he escrito. No porque sea menos importante, sino que porque me pareció nostálgica. Que hablaría de un pasado que aparenta lejano, pero, también de cómo enfrento hoy, en el presente, a estas personas y este lugar. Que son los que me remiten a ese pasado.

No se como se creo ese lazo. Al igual que con los otros personajes y con ese lugar, son parte de mi vida. No recuerdo un pasado sin ese gran amigo, mi querida Nany, esa familia y aquella nostálgica plaza.

Dilema Pérez. “La Nany” como se le ocurrió a un regordete niño decirle cuando tenía apenas algunos años de vida. A ella la conocí el mismo día que nací. Junto con mis padres y sólo a través del conocimiento que tengo hasta ahora y por mera intuición, debe ser de las primeras personas que me vio cuando nací. De las primeras con las que conviví.

Es difícil rescatar un momento o una situación. Sólo quisiera decir que aunque suene cliché, siempre sentí que el rol de madre, fue ocupado, en mi caso, por una fuerza doble. Una, la carnal, que me cuidaba en la semana y durante el año. La otra, sanguínea, que me protegía en las vacaciones y durante los fines de semana.

Es un rol importante. Ella también es parte de las personas con las que converso muchas cosas que me ocurre, Una gran consejera. Definitivamente, una persona que ocupo el rol de madre.

Nicolás Solís. Sin afán de ser injusto con Felipe, mi primer gran amigo. Y, uno de mis primeros ídolos. Una persona que me gustaba como funcionaba. Con quien compartía casi todas las pasiones. Una de los grandes responsables de que, cuando terminaba mi semana, volará casi a la casa de la Nany.

Aquella frase, de mi primer gran amigo, no es azarosa. Porque fue con el que hacía todas las cosas que uno hace cuando es chico. Fue con el que jugaba fútbol y a la escondida. Con el que caminaba por el centro y vitrineaba. Con el que salía a tomarme helados al Gellato’s Café. Con el que me subía a los árboles y jugábamos Nintendo y luego, Súper Nintendo.

Creo que no existió cosa que con el “Nico” no hayamos realizado. Nuestro itinerario en el verano era más o menos el siguiente. Despertábamos a una hora prudente. 10 u once de la mañana. Cuando no salíamos al centro en la mañana o íbamos a jugar tenis, esperábamos hasta el almuerzo. En la tarde nos llamábamos por teléfono, aunque vivíamos al frente. Salíamos, a conversar. A hacer nada. A simplemente estar. O a jugar a alguna cosa. Luego tomábamos once. Salíamos de nuevo y allí hasta que cayera la noche. Tipo 11 o doce, me entraba. Y así, casi todos los días.

Lo mejor era que no nos aburríamos. Porque la pasábamos bien juntos. Y, a pesar de la diferencia de edad, era una relación de amistad gigante. Aun cuando yo, tenía re poca experiencia en la amistad.

La familia. EL Tío “La” y la Tía Nelly, dos personas que probablemente nunca hicieron nada, pensando o buscando salir en este libro. Todo lo hicieron porque les nació. Porque ese niño regordete, les robo el corazón. Al igual como se los robó a cada una de las hijas que tuvieron, que siempre me consintieron como un sobrino. El único sobrino que tenían hasta ese entonces.

Porque aquel momento que se inmortalizo con una foto, comiendo melón tuna, en el patio de la casa de esta familia, es demostración de nuestra relación. Me dejaron entrar a la intimidad de su casa. Porque vieron en mí el nieto que nunca habían tenido hasta hace un par de años.

Es difícil no nombrarlos en este caso. Porque se que pase gran parte de mi infancia en su casa, porque sus hijas me robaban y me llevaban para allá. Me imagino que viví muchísimos más momentos con ellos de los que me acuerdo. Era demasiado chico para recordarlo.

Pero ya de grande, se han preocupado siempre por mí. No existió regalo más útil que el que ustedes me hicieron para mi Licenciatura. Ese bolso lo he usado durante los intensos tres años que he estado en la Universidad.

Independiente de todo lo que pase, de lo que poco que nos vemos, nunca voy a olvidarlos. Me acordaré siempre de aquella familia que me acogió en su seno. Que me dio melón y chocolates. Y créanme que nunca me olvidare de aquella frase que inmortalice, y que nos unirá por siempre. Porque nunca dejare de ser Marcelo Cerda Díaz. Con Villablanca.

Plaza. No se si tiene nombre y si lo tiene, no lo conozco. Pero con mis amigos, en el último tiempo le pusimos, la “plaza de la Reconciliación”. Y fuera de la connotación que tiene en Chile esa palabra que después de casi 20 años no encontramos.

Pero para mí esa placita, significa mucho. Para quienes no la conocen, se encuentra en San Fernando y, particularmente en la Villa Antivero. Ese lugar que para nosotros, sobre todo después que la arreglaron y hermosearon, se transformó en un lugar que nos producía contradicción.
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Porque, por un lado, nos divertíamos jugando fútbol, corriendo y haciendo muchas cosas en ella, pero, al mismo tiempo, éramos victimas de retos y castigos por pisar el césped. Esa es una de las cosas que nunca he entendido en este país. Como pueden existir plazas donde diga: “no pisar el césped”. Para que sería el pasto, si no es para pisarlo. O para comérselo, dirían algunos. O para las vacas, parafraseando a Marcelo Ríos.

Esa placita, es el único lugar donde me siento en paz. Aquellas imágenes que me recuerdan a mi niñez. El momento en el que no teníamos problemas. O no parecíamos tenerlos. Donde mis tardes eran jugar, reír y divertirnos. No eran estudios, libros e informes.

Aquel árbol grueso del sector norte. Aquella araucaria que colinda con la casa del Nico. O aquel arbusto con pelotitas verdes que más de alguna vez nos tiramos por la cabeza, con el Nico, cuando casi vivía en la casa de la Nany. Y el Tío Mario nos miraba mientras regaba el pasto y la Nany y la tía Nelly cuchicheaban.

El párrafo anterior es la mejor demostración de que este ramillete de cuatro cabezas, debía ir juntos. Porque los cuatro se entrecruzan y describen uno de los momentos más felices de mi vida. Básicamente, no porque hoy sea infeliz, sino por una razón muchísimo más simple. Y que tiene que ver, con que en aquella época, la infelicidad para mí, no existía.

Porque fui un niño feliz. Con una abuela regalona. Un amigo entrañable. Una familia que me quiere y muy querible. Y un lugar que recordare eternamente como el representante de mi niñez. Cuatro imágenes que quise inmortalizar en estas historia. La mejor demostración de que ese mundo era muchísimo más fácil que el que vivo ahora. Y que, de vez en cuando, es necesario y sano, recordar. Gracias a todos, por permitirme recordarlo con felicidad. Incluso cuando yo sea el tipo del poema que encabeza este historia.

La Redonda Emoción del Fútbol

La historia del fútbol
es un triste viaje del placer al deber.
A medida que el deporte
se ha hecho industria,
ha ido desterrando la belleza
que nace de la alegría de jugar porque sí.

El fútbol a sol y sombra. Eduardo Galeano


Aun cuando esta historia, era una de las infaltables cuando hago una revisión de mi vida, hoy tiene una connotación especial. Una inspiración propia de las vicisitudes y recovecos del destino. Una suerte de sino, que durante este año en que he escrito estas historias, ha hecho que modifique algunas historias, incluya gente, saque personas.

Y esa inspiración tiene que ver con una crónica que leí en un blog, que versaba sobre el triunfo de la selección de Irak, que ganó por primera vez la Copa de Asia. Un hecho, sin duda histórico. Pero aun más notable es la situación que se dio en las calles de Bagdad y de muchas ciudades entre los ríos Tigris y el Eúfrates. Un país formado por diferentes etnias, si se le puede llamar así, que esta sumido en una guerra civil, donde estas etnias tienen diferencias prácticamente insalvables. Ese mismo pueblo, de chiítas y sunitas, se volcó a las calles, y, por algunas horas, olvidó aquellas diferencias y como diría Claudio Palma en el Canal del Fútbol, se unió tras la “redonda emoción del fútbol”.

Esas son las situaciones que hacen al fútbol una pasión inefable. Difícil de explicar en palabras. Más que una pasión, un sentimiento, como dicen nuestros amigos de la Garra Blanca y por supuesto de Los de Abajo. Porque aunque también tienen diferencias insalvables, comparten ese algo, que hace que la famosa frase del Zorro Álamos, se haga vida. “Cuando Colo – Colo gana, la marraqueta es más grande y el café es más cargado o dulce” señaló.

Para muchos, son simplemente 20 tipos detrás de una pelota. Para otros, es un juego. Pero quizás se olvidan que ese simple juego, con 20 tipos detrás de una pelota, produjo una guerra entre Honduras y El Salvador. O quizás no saben. U olvidan, el sentimiento que envolvió a los argentinos cuando la “mano de Dios” o la mano de Diego, apareció para vengar su derrota en la Guerra de las Malvinas, a manos de los ingleses. O quizás tampoco saben.

Y cuando uno tiene a la vista todos estos antecedentes, es inevitable cuestionarse al menos, que tiene ese simple juego para producir estas cosas. Que tiene este juego, que cuando el Santos, un equipo brasileño en el que jugaba Pelé, viajó a Nigeria y detuvo la cruda guerra civil de aquel país por un día. El día en que el equipo de “O`Rey Pelé” jugó y le dio una clase de cómo jugar bien al fútbol.

Hay algunos que se lo atribuyen a los inicios del fútbol profesional. A los albores, cuando en Inglaterra, las clases sociales más bajas comenzaron a competir en este juego, que se parece mucho al que hoy se juega. Dado que era propio de ellos, penetró luego en las clases más altas. Fue en ese momento, donde el fútbol, entró en un punto de “no retorno”. Llegó y para quedarse.

Quién conozca Calama, en Chile, sabrá de lo que estoy hablando. Como dice el estereotipo del calameño, o esta en la mina o juega fútbol. Y la única entretención del minero de esa zona, aquel noble personaje del norte de Chile, es ir a ver a aquel equipo naranja, que tantas alegrías les ha dado. Es una ciudad en donde se respira fútbol. Y la única cancha, donde el equipo más popular de nuestro país juega de visita.

No se sí afortunada o desgraciadamente, a mí, en este juego, siempre me gustó el puesto más ingrato. Alcance a crecer con el Cóndor Rojas y con Sergio Goycoechea. Viví mi infancia con Morón. Ramirez y el gran Paco Buyo. Y ahora veo como los Casillas, los Bufón y los Cech, se lucen bajo los tres palos. Para que hablar de la herencia histórica que nos dejaron Lev Yashin o más conocido como la “Araña Negra” o Gordon Banks.

Fue el arco, donde viví los momentos más lindos y más infelices de mi vida. Aquel karma de jugar 89 minutos bien y ser la figura. Y equivocarme en el último minuto, y ser el villano. Esa presión, de que yo era el único que no me podía equivocar, porque si lo hacía comprometía a todo el equipo. Esa adrenalina de tapar un penal en las Olimpiadas Maristas y que mi equipo terminara ganando 3 – 0. Es algo que el fútbol, y particularmente el arco, me entregan y no existe nada más en la vida, que me lo entregue.

En mis tres años en la Escuela de Periodismo, he aprendido que a veces menos es más. Y quizás esta sea la más corta de mis historias. Pero es la que menos me costo escribir. Demoré cerca de 40 minutos en describir, otra de mis pasiones. O de mis obsesiones, como quieran verlo.

Un Mundial de Fútbol puede paralizar a una nación. El fervor de levantar una Copa, es indescriptible. Por algo marcar un gol, como señaló un gran filosofo por ahí, es como tener un orgasmo. Pero mi orgasmo es evitar los goles. Aquella máxima alegría de ver los treinta y dos cascos de aquel balón inflar la red, a mi me gustaba evitarla.

Y simplemente el fútbol seguirá siendo el deporte rey, pasión de multitudes y todos esos calificativos que siempre le han puesto. Por todas las razones que esgrimí anteriormente. La pelota no se mancha, dijo Diego Armando Maradona, en su despedida. Y espero que no se manche nunca.

Esta historia, la escribo en honor a tantos y tantos personajes. Unos famosos, otros anónimos, que han llenado de tantas alegrías a tanta gente. Artistas de las sonrisas, como los payasos. Pero estos payasos, no cuentan chistes ni hacen piruetas. Simplemente, hacen goles. Y con el deseo que nuestros payasos, algún día, nos vuelquen a las calles como en Bagdad, aquellas arterias del sistema circulatorio urbano, para irrigarlas con la sangre de la pasión y de la alegría de haber ganado y poder gritar que Chile es campeón.

Los Unos y Las Otras... Primera Parte

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Esta historia esta dedicada a varias personas. Que de seguro era necesario incluir en este libro, pero que, en términos de sistematización del libro y del formato, no pudieron ser incluidas en otros lugares. Aquellas personas que por pequeña que sea, han ayudado, en algún minuto, a forjar mi personalidad y me han ayudado de igual manera en todo lo que he hecho.

Supongo que todos entenderán el fondo de esto. Son aquellas pequeñas grandes personas, que muchas veces no son reconocidas en este tipo de cosas, pero, que, por nada del mundo quise dejar fuera.


El último de los caballeros de la mesa redonda


El personaje que describo a continuación, pertenece al S.G.D (Sólido Grupo de Dirigentes) y se sumó al último. Un tipo callado. Extremadamente callado. Pero, al mismo tiempo, noble. Alguien que me acompaño silenciosamente durante todos y cada uno de los momentos que viví en scout. Compartimos en la gloriosa patrulla Jaguar.

El momento en que más conocí a este hombrecillo delgado de la ciudad del mimbre, fue durante los últimos años de la Ruta. Allí, gracias al Campamento Huenican, aquel famoso campamento en Picarquín, nos unió el amor y la aventura.

No el amor mutuo sino que él andaba con una chica, y yo también. No con la misma, por cierto. Luego supuso el destino que nos juntáramos en la misión en Alto Hospicio. Además de los nexos que tuvimos cuando comenzaron los carretes SGDR. El era el nexo entre estos dos grupos. Tenía, podríamos decirlo, doble militancia.

Asimismo, luego de la Misión en el norte de nuestro país, el destino y las ansias de carrete nos llevaron a visitar por primera vez su casa, con todo el choclón de gente de Rancagua y Villa Alemana. El escenario perfecto para que otra vez, nos involucrásemos con su padre en una larga y potente conversación de fútbol. Claramente no fue la última vez que la visitamos.

JAFO, como le decimos sus amigos, es tipo que nunca tiene mala onda con nadie. Es muy amigo de sus amigos. Y por lo mismo, un hombre de sobremanera leal. Que nunca dijó que no a algo que le pedimos. Que, simplemente, fue parte integra de nuestro grupo de dirigentes. Y de nuestro grupo de amigos, también. Y por lo mismo, callado, tímido, a veces retraído y ensimismado, lo queremos así. Y esta es la forma que, a nombre de todos, le agradecemos, a la pieza menos notoria, pero no por ello, menos importante, de nuestro querido SGD. Te quiero JAFO.



Mi Amor Platónico

“Hace falta, que te diga que me muero,
por tener algo contigo.
Es que no te has dado cuenta de
lo mucho que me cuesta ser tu amigo”.

Algo Contigo. Vicentico

Rigolleto. Colo – Colo versus la Universidad de Chile. Partido por el Campeonato Nacional que se jugaba cuando todavía en mi casa no había Canal del Fútbol (CDF). Me siento con mi padre y disfrutó del primer tiempo. En el descanso, la bebida comienza a hacer efecto en mí y me paró al baño. Y allí estaba ella. Sentada con dos amigos. ¿Mirando el partido? Efectivamente.

En general, tengo facilidad para acordarme de los resultados de los partidos, los autores de los goles, etc. Soy una “biblioteca del fútbol” como me piropeo un amigo alguna vez con un par de tragos en el cuerpo eso sí. Pero les aseguró que ni mire ese día el partido. Ni resultado, ni goles ni nada. Simplemente, ella estaba allí y concitaba toda mi atención.

A esa altura yo la conocía, de hecho nos saludábamos, debido a que habíamos participado en la misma comunidad en el retiro de Semana Santa. Pero no pude quitarle los ojos de encima. Al tiempo después, la encontré en MSN y le pregunté sobre qué equipo le gustaba. Su respuesta me conquistó tanto como su presencia en el Rigolleto ese día: “Ninguno. Simplemente me gusta ver fútbol”.

“Amor platónico” se titula esto y la mujer que lo inspira es el prototipo de mujer que me gustaría tener a mi lado. Debo reconocer que por alguna etapa de mi vida, la mire con otros ojos. De más esta decir que ya no es así. Porque aprendí a conocerla. Como amiga.

Incluso, antes de conocerla, cuando mi relación era sólo con aquellas sensuales fotos de Internet, me resultaba excesivamente atractiva. Pero nos conocimos en otra situación. Y somos amigos. Independiente de cuanto nos veamos. Aunque sea poco, en mí, siempre tendrá un amigo. Porque yo soy así. Y porque cuido a mis amigos. Y porque me enorgullezco de ser amigo de una de las mujeres mas guapas de San Fernando, según mi humilde y subjetivo punto de vista.


Los Profes


“Hay dos tipos de arqueros,
los locos y los maricones.
¿De cual eres tú?”

Dos técnicos. Ambos me enseñaron mucho, en una de las actividades que más me apasiona en la vida: el arco. El primero se llama Sergio y se apellida Olmedo. Sí, el mismo personaje que cuando tenía diez años me dejó afuera de la Selección de Fútbol y cinco años después me otorgo el premio al Mejor Jugador del Año, en la especialidad.

El Profe Olmedo era un tipo que futbolísticamente hablando, manejaba sólo un esquema de juego. El mismo con el que durante cerca de tres décadas usó para impartir uno de las mejores y más vistosas formas de jugar que existieran en las Olimpiadas Maristas. Escuche mil y una veces la historia en la que “supuestamente” le hizo dos goles olímpicos al Sapo Livinsgtone. Pero aprendí con él. Y mucho

Asimismo, el me enseñó a mirar el fútbol de una manera especial. Me hizo aprender en la práctica. Y siendo muy observador. Aprendí muchísimas formas de entrenamiento, sin tanto trabajo físico ni biotipos. Sino que simplemente mirando como entrenaban los arqueros y sobre todo, como jugaban. Porque eso le interesaba a él, jugar. Más allá del estado físico, nuestro mejor entrenamiento era jugar y conocernos. Tuve un año increíble. Mi mejor año durante el colegio bajo su mandato.

El segundo personaje, fue el tipo que sistematizo todos esos conocimientos empíricos que tenía en el arco. Aquel que me enseñó como salir a cortar un centro, como atacar los balones. Como sacarle más provecho a mi condición física que cada día se engrosaba más.
Un técnico al estilo Juvenal Olmos.

Sin diez clásico, muchas veces. Con volantes de contención altos y fuertes. Improvisando o desarrollando distintas formas de jugar. Los cambios no son sólo de jugadores sino de esquemas. Pero finalmente, una de las personas que debe saber más de fútbol en San Fernando.

Ambos, formas distintas de encarar el fútbol. Uno más práctico y el otro más teórico. Uno más efectivo y el otro más efectista. Sin embargo, ambos me enseñaron a ser un arquero que por lo menos, sabe como se juega en su puesto. No se si bien o mal, pero lo sabe. Y lo agradezco.


La Transparencia De La Amistad


“Amiga mía,
princesa de un cuento infinito.
Amiga mía,
tan sólo recuerda que cuentas conmigo”.

Amiga mía. Alejandro Sanz

21 de mayo de 2004. Tomaba once en casa de mi abuela y mi celular sonaba incesantemente. Llego a la habitación y escucho la voz de esta niña. El resto es historia conocida, me hizo “gancho” con la Pame y nos indujo de alguna forma a empezar un tórrido romance.

Básicamente, las conocí a ambas al mismo tiempo. De hecho, muchos de mis compañeros, que algo sabían de mi incipiente romance con una niña de séptimo básico, juraban a pie juntillas, que mi romance era con aquella pequeña niña, rubia natural y con la autoestima, un poquito baja.

Gracias a tu amiga, aprendí a compartir contigo. Por qué, a pesar de mi relación con la Pame, eres la única persona, además de ella, claro, que es suficientemente mas chica que yo y a la cual considero mi amiga.

Y quiero que estas líneas, mi invitación a mi cumpleaños y la aparición aunque sea pequeña en mi libro, te sirvan para darte cuenta que en este mundo, no pasas tan desapercibida como muchas veces crees.

Dada la condición de polola que tuvo tu amiga durante esos diez meses, tuvo la posibilidad de que le escribiera miles de veces. Creo que esta debe ser la primera vez que escribo en referencia a ti, Cristina.

Fueron muchos los momentos que vivimos juntos. Fue un año intenso que vivimos como amigos. Y espero que eso se mantenga en el tiempo. Porque para mi, al menos, eres una persona re especial. Eres la responsable o la culpable de que haya conocido a la mujer más especial de mi vida.

Y además de eso, te agradezco por la cantidad de veces que me escuchaste. Que me aconsejaste y que me sacaste una sonrisa. Porque eres una persona transparente. A la que uno no puede sino querer. Porque al menos yo, la transparencia la agradezco. Y aunque nos veamos poco y hablemos menos, quiero que nunca olvides algo: Te Quiero.

Sobre La Importancia del Concepto Amistad


Esta historia esta dedicado a todos y cada uno de las familias amigas de mis padres. Pensé que escribir sobre todos en particular, seria una tarea titánica, por lo mismo, espero no dejar a nadie fuera. A saber:

Familia Tobar Morales: Destacar un evento en particular con esta familia es imposible, porque hemos vivido muchos. Sin embargo, todos los integrantes, en su justa medida han jugado un rol importante en mi vida en medio de asados y partidos de fútbol que vimos. Nos apoyaron en los minutos difíciles como familia. La Naty me vio crecer a mi y juntos al Nico y al Matías. Siempre los sentí como verdaderos tíos y a ellos como primos. Y para un tipo que no tiene muchos, eso, se agradece. Gracias por el cariño y por todos los asados que compartimos.

Tío Gilberto y Tía Fernanda: El mejor amigo de mi padre. Además el compañero de tantos años nuevos. Y ella, su pareja. Que de a poco la hemos conocido y se transformo en la Tia Fer. Actualmente viven en Rengo y los vemos poco. Pero ha sido siempre una gran relación de amistad la que tiene el tío con mi padre. Que he envidiado, porque se ven poco, pero se nota que se quieren. Pero también porque, son amigos entrañables. Y eso, se nota y agradece.

Tío Gabriel y el Tío Fito: Dos tipos que alegran cada tertulia, con el sólo hecho de llegar. Divertidos, de todo hacen un chiste y una broma que alegra todo. Son el alma de la fiesta. Ambos, demuestran a mi familia un cariño especial. Porque compartir con ellos, siempre es agradable. Y también son grandes amigos. ¡Así que espero que hoy, si van hueviar, hueveen pero no huevi!

Tío Gastón y Tía Loly: Una familia que siempre nos ha abierto la puerta de su casa como la nuestra. Hemos pasado tardes enteras conversando, viendo películas, compartiendo. Es el amigo ABC1 de mi familia. Y, por lo mismo, el que menos escatima en gastos para con nosotros. Pero el regalo mas preciado que tenemos todos de ellos es una amistad incondicional. Que se noto en la invitación al matrimonio de la Janita.
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Quise agradecerles a todos. En este momento, porque ellos han sido el referente con el que aprendí uno de los conceptos más importantes en la vida. Porque todos, de una u otra forma, me enseñaron lo que era: amistad

Los Unos y Las Otras... Segunda parte

A Pesar de Todo

Las rosas son rojas

y las violetas azules.

El azúcar es dulce, igual que tú.

Érase una vez la historia de una niña muy tierna y carismática, que asistía regularmente a los Retiros que en el Instituto San Fernando se realizaban cada año con motivo de la Semana Santa. En aquellos fines de semana, ella veía a un tipo, que saltaba y cantaba. El mismo que hoy escribe esta crónica. Ella, según cuentan, siempre quiso conocerlo. Lo veía y le parecía un tipo interesante. Y resulto, que un día los astros se juntaron y estas dos almas se conocieron.

Tuvieron buena onda. Conectaron inmediatamente, al igual que tuvo este joven con el resto de sus amigas. Recuerdo que durante las primeras semanas después de conocerse, hablaron regularmente, por teléfono. Era una de las pocas personas que quien escribe esta crónica, llamó para saber de ella y contarle rápidamente, cosas de su vida.

Recuerdo también aquel incidente que tuvimos durante una tarde que caminábamos todos juntos, tu y tus amigas. Tuviste la mala ocurrencia de tirarme una talla, cuando abrazaba a dos de tus amigas. ¿El resultado? Te pusiste roja con mi respuesta y te quedaste en silencio.

Yo sé que a veces te molesto, te tiro tallas y todo. Muchas veces me puedo “enojar” contigo. Como aquella vez que pediste entrar al Grupo Scout y después dejaste de ir. Pero en el fondo, te quiero. Soy directo, eso sí. Y cuando algo me molesta, lo digo. Y eso tu lo tienes que tener claro. Pero eres una gran persona. Simpática, graciosa. Con un gran sentido del humor, aunque, según yo, un poquito carretera e irresponsable.

Pero te quiero igual. Porque no olvido que durante un tiempo, aunque pequeño, me demostraste una gran amistad. Me escuchas, me prestas atención y escuchas mis consejos. Y aunque no lo creas, yo también he aprendido cosas contigo. Me gusta estar contigo, pero, el tiempo y la vida nos ha separado un poco.

Y como te dije una vez, y tú también lo sabes, a veces te cuesta definir quienes son verdaderamente tus amigos. Y quiero que cuando cumplo 21 años, recuerdes que en mí siempre tendrás un amigo. Ese chico que cantaba en Semana Santa y santo de las burlas de tu hermano, hoy es tu amigo. A pesar de todo.


General Iturriaga

Balas desgarraron sus sedas,

y sus estrellas muestran

y sus estrellas muestran,

honrosas cicatrices de guerra.

Los Viejos Estandartes. Himno del Ejército


Carlos Iturriaga. Sí, aquel personaje que comando a la patrulla Pantera a ganar el Raid del CANAMAR. El mismo que tuvo un pololeo “fantasma” por ahí y que fue parte de la “casi” gran patrulla en la que quien escribe era el eterno sub – guía.

Sin embargo es un personaje que por diferentes razones se ha transformado en un gran amigo para mí. Porque cuando yo era un novel dirigente scout intente siempre ser un apoyo para quien en ese momento era el líder natural de la Tropa.

Porque para cualquier persona puede resultar azaroso, sin embargo, siempre he intentado ser un soporte para quienes me eligieron alguna vez como su “padrino”. Y cuando fui tu padrino en la Ruta me sentí orgulloso de que alguien a quien de verdad admiro por muchas razones me eligiera a mí. Admiro su destreza que yo no tengo para dibujar aquella pantera con cara de jaguar que hay en el cubil y el valor que a mi me falta en las acciones más arriesgadas como el autodescenso.

Durante varias jornadas hemos conversado sobre lo humano y lo divino. Recuerdo también aquella vez que escribí sobre ti en la página del colegio. Fue una nota informativa que hizo justicia con la importancia de tu logro y que tuve el placer de escribirla.

Asimismo, recuerdo en los momentos que vivimos juntos en scout. En aquel campamento en Las Peñas, ambos ya como dirigentes. Aquella carpa en la que dormíamos con el resto de los dirigentes. Fue una demostración de lo bien que lo pasábamos durante nuestra estadía en el Grupo.

Por culpa o gracias al grupo, nos conocimos. Y a pesar de que nos veamos pocos, cuando lo hacemos nos demostramos afecto. Cosa que para mi es suficiente para considerarte mi amigo. E independiente de todo, te deseo lo mejor. Y hoy, cuando cumplo 21 años, no podía olvidarme de ti. Del tipo que me dará entrevistas exclusivas cuando sea el Comandante en Jefe del Ejército. Suerte Carlos, y nunca te olvides, que siempre, contaras con tu padrino. Y más que eso, con un amigo.


Latero y Tú

Latero y fome. Así me ha calificado mil y una veces la mujer para quien esta crónica esta dedicada. Y probablemente, que cuando lea esto o asista a mi cumpleaños, le agregará el calificativo de cursi.

Pero yo la quiero así. Aunque me moleste y todo. Y ella me quiere así. Fome, cursi y por sobre todo, latero. Ese probablemente sea el secreto de nuestra amistad. Querernos tal y como somos.

Un par de personajes que se conoció en aquel jardín llamado Rapa Nui de la calle Chacabuco. Luego coincidimos en el curso y yo que era una persona alta, le tenía susto a aquella mujer de tamaño y de personalidad imponente.

Un talento innato para la actuación. Hasta el día de hoy recordamos aquel personaje de “La Remolienda” que nos dejó a todos con los pelos de punta. En relación a nuestra amistad, fue una amistad que se forjó, como decía antes, a fuego lento.

Entendernos, nunca fue una tarea fácil, creo que hasta el día de hoy. Porque somos muy distintos. Y por lo mismo, es una de las amistades que más valoro.

Por ejemplo, no se si intencionalmente o por su personalidad, me ayudó a intentar integrar a la Melissa, “Minniessa” como ella la llamaba, al mi vida y a mis amigos. Un gesto que siempre agradecí y que, finalmente no se concretó porque la Melissa no quiso.

Asimismo, muchas veces la ayude a estudiar y a entender las cosas que a ella, le costaba más. Aunque generalmente después de mi cumpleaños se empezaba a preocupar. Antes, cuando estudiábamos en mi casa ella leía la revista Cosas o miraba Machos o la teleserie de turno.

Como con casi todos mis amigos del colegio, hemos estado alejados últimamente. Básicamente porque nos vemos poco. Pero el otro día posteaste en el “fotolog” del SGD. Y, básicamente, quería repetir lo que tu misma escribiste, que es el mismo sentimiento que tengo hacía ti. A pesar de que me molestes y me digas latero: te quiero mucho.


Canuto y Canito


Esta crónica va dedicada a uno de los pocos amigos que he creado durante mi estadía cada vez permanente en esta selva de cemento llamada Santiago. Aquel pequeño hombre que atendía mesas en el restaurant de Raúl Correa, donde por aquella época trabajaba mi padre.

Un personaje de sobre manera querible. Un tipo que con su personalidad y forma de ser, cae bien en cualquier parte. Recuerdo aquel día que fuimos a ver el partido de Colo – Colo con Toluca. Yo me pongo nervioso cuando veo al Eterno Campeón, pero tu te pasaste.

Recuerdo aquel fin de semana que estuviste en San Fernando. Aquella ciudad que, según tú, no tenía semáforos ni calles pavimentadas. Un fin de semana donde la pasamos muy bien.

Para mí siempre ha sido difícil mi estadía en Santiago. Suena un poco campesino pero siempre me ha complicado Santiago. Es difícil encontrar gente con la que se genera un lazo importante. Una ciudad que no se arraiga nada, donde todos corren y no miran a quien esta al lado.

Y durante algún tiempo, tú y la Romina, fueron las dos personas que yo conocí en Santiago que me entregaron lo mismo que me entregan la gente a la que quiero en mi natal San Fernando.

Y eso te transforma en alguien especial. Porque más allá de los postres que me pasabas y de los fricasé de filetes que me llevaste a la pieza, a cambio, simplemente de dormir en la tarde, durante el turno cortado.

Eres un tipo que sabe mucho de la vida. De cosas que no se aprenden en ninguna parte sino que solamente se conoce en la escuela más difícil y rigurosa del mundo: la vida. Y eso siempre lo he admirado.

Un personaje que sabe ser buen amigo. Desinteresado. Y agradecido de un Jefe, como mi padre. Eres uno de los pocos que siempre entendió la labor que mi padre cumplía en el restaurant. Y eso también lo agradecí.


Son pocas las cosas que me faltan por decir. Además es poco el tiempo en que nos conocimos. Y ahora tu estas en otro lado trabajando. Y yo sigo estudiando. Pero eres un tipo que le irá bien en la vida. Y me da gusto sentir que eres mi amigo. Porque siempre fuiste mucho más que un compañero de trabajo de mi papa. Te considero mi amigo. Gracias Canito.