A Pesar de Todo
Las rosas son rojas
y las violetas azules.
El azúcar es dulce, igual que tú.
Érase una vez la historia de una niña muy tierna y carismática, que asistía regularmente a los Retiros que en el Instituto San Fernando se realizaban cada año con motivo de la Semana Santa. En aquellos fines de semana, ella veía a un tipo, que saltaba y cantaba. El mismo que hoy escribe esta crónica. Ella, según cuentan, siempre quiso conocerlo. Lo veía y le parecía un tipo interesante. Y resulto, que un día los astros se juntaron y estas dos almas se conocieron.
Tuvieron buena onda. Conectaron inmediatamente, al igual que tuvo este joven con el resto de sus amigas. Recuerdo que durante las primeras semanas después de conocerse, hablaron regularmente, por teléfono. Era una de las pocas personas que quien escribe esta crónica, llamó para saber de ella y contarle rápidamente, cosas de su vida.
Recuerdo también aquel incidente que tuvimos durante una tarde que caminábamos todos juntos, tu y tus amigas. Tuviste la mala ocurrencia de tirarme una talla, cuando abrazaba a dos de tus amigas. ¿El resultado? Te pusiste roja con mi respuesta y te quedaste en silencio.
Yo sé que a veces te molesto, te tiro tallas y todo. Muchas veces me puedo “enojar” contigo. Como aquella vez que pediste entrar al Grupo Scout y después dejaste de ir. Pero en el fondo, te quiero. Soy directo, eso sí. Y cuando algo me molesta, lo digo. Y eso tu lo tienes que tener claro. Pero eres una gran persona. Simpática, graciosa. Con un gran sentido del humor, aunque, según yo, un poquito carretera e irresponsable.
Pero te quiero igual. Porque no olvido que durante un tiempo, aunque pequeño, me demostraste una gran amistad. Me escuchas, me prestas atención y escuchas mis consejos. Y aunque no lo creas, yo también he aprendido cosas contigo. Me gusta estar contigo, pero, el tiempo y la vida nos ha separado un poco.
Y como te dije una vez, y tú también lo sabes, a veces te cuesta definir quienes son verdaderamente tus amigos. Y quiero que cuando cumplo 21 años, recuerdes que en mí siempre tendrás un amigo. Ese chico que cantaba en Semana Santa y santo de las burlas de tu hermano, hoy es tu amigo. A pesar de todo.
General Iturriaga
Balas desgarraron sus sedas,
y sus estrellas muestran
y sus estrellas muestran,
honrosas cicatrices de guerra.
Los Viejos Estandartes. Himno del Ejército
Carlos Iturriaga. Sí, aquel personaje que comando a la patrulla Pantera a ganar el Raid del CANAMAR. El mismo que tuvo un pololeo “fantasma” por ahí y que fue parte de la “casi” gran patrulla en la que quien escribe era el eterno sub – guía.
Sin embargo es un personaje que por diferentes razones se ha transformado en un gran amigo para mí. Porque cuando yo era un novel dirigente scout intente siempre ser un apoyo para quien en ese momento era el líder natural de la Tropa.
Porque para cualquier persona puede resultar azaroso, sin embargo, siempre he intentado ser un soporte para quienes me eligieron alguna vez como su “padrino”. Y cuando fui tu padrino en la Ruta me sentí orgulloso de que alguien a quien de verdad admiro por muchas razones me eligiera a mí. Admiro su destreza que yo no tengo para dibujar aquella pantera con cara de jaguar que hay en el cubil y el valor que a mi me falta en las acciones más arriesgadas como el autodescenso.
Durante varias jornadas hemos conversado sobre lo humano y lo divino. Recuerdo también aquella vez que escribí sobre ti en la página del colegio. Fue una nota informativa que hizo justicia con la importancia de tu logro y que tuve el placer de escribirla.
Asimismo, recuerdo en los momentos que vivimos juntos en scout. En aquel campamento en Las Peñas, ambos ya como dirigentes. Aquella carpa en la que dormíamos con el resto de los dirigentes. Fue una demostración de lo bien que lo pasábamos durante nuestra estadía en el Grupo.
Por culpa o gracias al grupo, nos conocimos. Y a pesar de que nos veamos pocos, cuando lo hacemos nos demostramos afecto. Cosa que para mi es suficiente para considerarte mi amigo. E independiente de todo, te deseo lo mejor. Y hoy, cuando cumplo 21 años, no podía olvidarme de ti. Del tipo que me dará entrevistas exclusivas cuando sea el Comandante en Jefe del Ejército. Suerte Carlos, y nunca te olvides, que siempre, contaras con tu padrino. Y más que eso, con un amigo.
Latero y Tú
Latero y fome. Así me ha calificado mil y una veces la mujer para quien esta crónica esta dedicada. Y probablemente, que cuando lea esto o asista a mi cumpleaños, le agregará el calificativo de cursi.
Pero yo la quiero así. Aunque me moleste y todo. Y ella me quiere así. Fome, cursi y por sobre todo, latero. Ese probablemente sea el secreto de nuestra amistad. Querernos tal y como somos.
Un par de personajes que se conoció en aquel jardín llamado Rapa Nui de la calle Chacabuco. Luego coincidimos en el curso y yo que era una persona alta, le tenía susto a aquella mujer de tamaño y de personalidad imponente.
Un talento innato para la actuación. Hasta el día de hoy recordamos aquel personaje de “La Remolienda” que nos dejó a todos con los pelos de punta. En relación a nuestra amistad, fue una amistad que se forjó, como decía antes, a fuego lento.
Entendernos, nunca fue una tarea fácil, creo que hasta el día de hoy. Porque somos muy distintos. Y por lo mismo, es una de las amistades que más valoro.
Por ejemplo, no se si intencionalmente o por su personalidad, me ayudó a intentar integrar a la Melissa, “Minniessa” como ella la llamaba, al mi vida y a mis amigos. Un gesto que siempre agradecí y que, finalmente no se concretó porque la Melissa no quiso.
Asimismo, muchas veces la ayude a estudiar y a entender las cosas que a ella, le costaba más. Aunque generalmente después de mi cumpleaños se empezaba a preocupar. Antes, cuando estudiábamos en mi casa ella leía la revista Cosas o miraba Machos o la teleserie de turno.
Como con casi todos mis amigos del colegio, hemos estado alejados últimamente. Básicamente porque nos vemos poco. Pero el otro día posteaste en el “fotolog” del SGD. Y, básicamente, quería repetir lo que tu misma escribiste, que es el mismo sentimiento que tengo hacía ti. A pesar de que me molestes y me digas latero: te quiero mucho.
Canuto y Canito
Esta crónica va dedicada a uno de los pocos amigos que he creado durante mi estadía cada vez permanente en esta selva de cemento llamada Santiago. Aquel pequeño hombre que atendía mesas en el restaurant de Raúl Correa, donde por aquella época trabajaba mi padre.
Un personaje de sobre manera querible. Un tipo que con su personalidad y forma de ser, cae bien en cualquier parte. Recuerdo aquel día que fuimos a ver el partido de Colo – Colo con Toluca. Yo me pongo nervioso cuando veo al Eterno Campeón, pero tu te pasaste.
Recuerdo aquel fin de semana que estuviste en San Fernando. Aquella ciudad que, según tú, no tenía semáforos ni calles pavimentadas. Un fin de semana donde la pasamos muy bien.
Para mí siempre ha sido difícil mi estadía en Santiago. Suena un poco campesino pero siempre me ha complicado Santiago. Es difícil encontrar gente con la que se genera un lazo importante. Una ciudad que no se arraiga nada, donde todos corren y no miran a quien esta al lado.
Y durante algún tiempo, tú y la Romina, fueron las dos personas que yo conocí en Santiago que me entregaron lo mismo que me entregan la gente a la que quiero en mi natal San Fernando.
Y eso te transforma en alguien especial. Porque más allá de los postres que me pasabas y de los fricasé de filetes que me llevaste a la pieza, a cambio, simplemente de dormir en la tarde, durante el turno cortado.
Eres un tipo que sabe mucho de la vida. De cosas que no se aprenden en ninguna parte sino que solamente se conoce en la escuela más difícil y rigurosa del mundo: la vida. Y eso siempre lo he admirado.
Un personaje que sabe ser buen amigo. Desinteresado. Y agradecido de un Jefe, como mi padre. Eres uno de los pocos que siempre entendió la labor que mi padre cumplía en el restaurant. Y eso también lo agradecí.
Son pocas las cosas que me faltan por decir. Además es poco el tiempo en que nos conocimos. Y ahora tu estas en otro lado trabajando. Y yo sigo estudiando. Pero eres un tipo que le irá bien en la vida. Y me da gusto sentir que eres mi amigo. Porque siempre fuiste mucho más que un compañero de trabajo de mi papa. Te considero mi amigo. Gracias Canito.
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