Y a pesar de todo, del tiempo,
de la distancia, de las cosas que no dijimos,
de lo que no hemos compartido,
seguimos firmes en un mismo sentimiento.
¡Simplemente...somos amigos...!
Somos Amigos. Autor desconocido
A medida que he escrito estas historias, he pensado muchísimo en quienes verdaderamente debía incluir. No quería ser injusto con nadie. Ni dejar fuera a ningún personaje. En esa perspectiva es que aparece este hombrecillo.
Guillermo Campos. Simplemente Memo para sus amigos. Era un hombre introvertido. Y una de las primeras personas con las que tracé lazos en aquel curso que durante 12 años me acompañó en este deambular por la vida colegial.
Somos opuestos en muchos sentidos. Pero a mediados de los 90 nos unió uno de los deportes más apasionantes del mundo: el basquetball. Él, tenía un talento innato para practicarlo, a pesar de su pequeña estatura. Yo simplemente la intuición y la mucha observación que me ha servido siempre para tener cierta habilidad para practicar muchos deportes. Además, la NBA siempre la he considerado un espectáculo deportivo espectacular.
Es extraño, pero durante este año que he escrito sobre mi vida, me ha pasado regularmente que no logro acordarme de momentos específicos en los que empezamos a hacer amigos. Sólo recuerdo, de golpe, tú y yo jugando en mi casa o en la tuya. Ya fuera fútbol, basquetball, ping – pong o lo que fuera. Dentro o fuera de a casa. En el computador o en la práctica.
También recuerdo el tiempo en el que mi abuelo nos traía a ambos desde el colegio. Y la cantidad de veces que nos repudió porque nos quedábamos jugando ping – pong o basquetball. Éramos fanáticos del deporte y los únicos que nos seguíamos en aquellos vicios. Bastante sanos, por lo demás.
Asimismo, creo que, sin temor a parecer presumido, me “usaste” para practicar tu lanzamiento. Porque yo era un tipo alto, igual a los que generalmente te marcaban. Y eso te permitió pulir aquel tiro que tantas veces encestaste en las diferentes canchas en las que jugaste.
Recuerdo también aquellas interminables tardes y noches que jugamos NBA Live 2000. Descubrimos ese juego y casi nos enviciamos. Jugamos, jugamos y no paramos de jugar, durante casi todo un año. Ese año aprendí mucho de ese deporte. De técnicas, de nombres, de conceptos propios del basquetball. Y créeme que si algún día, como periodista deportivo, comentó o cubro basquetball, me acordaré y usaré muchos conceptos que aprendí en aquellas tardes que pasábamos entre triples, porcentajes de efectividad y clavadas.
Bueno, eso fue hasta como primero medio. Luego, tomamos “rumbos distintos”. Y bien entre comillas porque en el curso tan conversador y amigos entre ellos como el nuestro era difícil perder el contacto. Sólo que nos alejamos un poco.
Sin embargo, siempre he sentido que yo conozco a otro Memo. Porque conmigo no se aparece el Memo agrandado, cabrón y vanidoso que muchos odian. O no sé si yo soy tanto o más agrandado y por eso lo acepto y me cae bien.
Sencillamente, quiero usar este espacio para narrar una historia de buenos y grandes amigos. Quizás no nos vemos tanto, pero, cuando nos vemos, la pasamos bien. Nos tenemos confianza. En fin, es una verdadera amistad.
Finalmente, quisiera decirte algo que probablemente te diste cuenta con el sólo hecho de saber que salías nombrado en este “libro”. Y esto es, que eres una persona re especial para mí. Porque eres de los primeros amigos que recuerdo. Siempre me ha sorprendido que todos los años, lo más temprano posible para ti, me mandas un mensaje por mi cumpleaños. Junto con Pansho, la Piera y la Marce Fernández y Alexis, eres de los pocos que siempre se acuerdan de mi cumpleaños Y eso se agradece.
Te sabes mi celular de memoria, creo. Y eso es sintomático de que soy una persona que te importa. Intenté ser lo más claro posible estas líneas, sin usar palabras rebuscadas, para que tu mente ingeniera no se viera tan forzada. Jajajajaja!
Esa es una mala broma. Como las que hago siempre. Pero lo que no es una broma es todo lo que te he dicho. Si conozco bien a este personaje, tengo clarísimo que la frase con la que voy a terminar estas líneas lo encontrara gay. Pero te lo voy a decir igual. Porque me gustaría que te lo grabaras. Porque aunque no nos veamos todo lo seguido que quisiéramos, pero al fin y al cabo, ambos sabemos que podremos contar siempre con el otro. ¿Sabes por qué? Porque te quiero.
Guillermo Campos. Simplemente Memo para sus amigos. Era un hombre introvertido. Y una de las primeras personas con las que tracé lazos en aquel curso que durante 12 años me acompañó en este deambular por la vida colegial.
Somos opuestos en muchos sentidos. Pero a mediados de los 90 nos unió uno de los deportes más apasionantes del mundo: el basquetball. Él, tenía un talento innato para practicarlo, a pesar de su pequeña estatura. Yo simplemente la intuición y la mucha observación que me ha servido siempre para tener cierta habilidad para practicar muchos deportes. Además, la NBA siempre la he considerado un espectáculo deportivo espectacular.
Es extraño, pero durante este año que he escrito sobre mi vida, me ha pasado regularmente que no logro acordarme de momentos específicos en los que empezamos a hacer amigos. Sólo recuerdo, de golpe, tú y yo jugando en mi casa o en la tuya. Ya fuera fútbol, basquetball, ping – pong o lo que fuera. Dentro o fuera de a casa. En el computador o en la práctica.
También recuerdo el tiempo en el que mi abuelo nos traía a ambos desde el colegio. Y la cantidad de veces que nos repudió porque nos quedábamos jugando ping – pong o basquetball. Éramos fanáticos del deporte y los únicos que nos seguíamos en aquellos vicios. Bastante sanos, por lo demás.
Asimismo, creo que, sin temor a parecer presumido, me “usaste” para practicar tu lanzamiento. Porque yo era un tipo alto, igual a los que generalmente te marcaban. Y eso te permitió pulir aquel tiro que tantas veces encestaste en las diferentes canchas en las que jugaste.
Recuerdo también aquellas interminables tardes y noches que jugamos NBA Live 2000. Descubrimos ese juego y casi nos enviciamos. Jugamos, jugamos y no paramos de jugar, durante casi todo un año. Ese año aprendí mucho de ese deporte. De técnicas, de nombres, de conceptos propios del basquetball. Y créeme que si algún día, como periodista deportivo, comentó o cubro basquetball, me acordaré y usaré muchos conceptos que aprendí en aquellas tardes que pasábamos entre triples, porcentajes de efectividad y clavadas.
Bueno, eso fue hasta como primero medio. Luego, tomamos “rumbos distintos”. Y bien entre comillas porque en el curso tan conversador y amigos entre ellos como el nuestro era difícil perder el contacto. Sólo que nos alejamos un poco.
Sin embargo, siempre he sentido que yo conozco a otro Memo. Porque conmigo no se aparece el Memo agrandado, cabrón y vanidoso que muchos odian. O no sé si yo soy tanto o más agrandado y por eso lo acepto y me cae bien.
Sencillamente, quiero usar este espacio para narrar una historia de buenos y grandes amigos. Quizás no nos vemos tanto, pero, cuando nos vemos, la pasamos bien. Nos tenemos confianza. En fin, es una verdadera amistad.
Finalmente, quisiera decirte algo que probablemente te diste cuenta con el sólo hecho de saber que salías nombrado en este “libro”. Y esto es, que eres una persona re especial para mí. Porque eres de los primeros amigos que recuerdo. Siempre me ha sorprendido que todos los años, lo más temprano posible para ti, me mandas un mensaje por mi cumpleaños. Junto con Pansho, la Piera y la Marce Fernández y Alexis, eres de los pocos que siempre se acuerdan de mi cumpleaños Y eso se agradece.
Te sabes mi celular de memoria, creo. Y eso es sintomático de que soy una persona que te importa. Intenté ser lo más claro posible estas líneas, sin usar palabras rebuscadas, para que tu mente ingeniera no se viera tan forzada. Jajajajaja!
Esa es una mala broma. Como las que hago siempre. Pero lo que no es una broma es todo lo que te he dicho. Si conozco bien a este personaje, tengo clarísimo que la frase con la que voy a terminar estas líneas lo encontrara gay. Pero te lo voy a decir igual. Porque me gustaría que te lo grabaras. Porque aunque no nos veamos todo lo seguido que quisiéramos, pero al fin y al cabo, ambos sabemos que podremos contar siempre con el otro. ¿Sabes por qué? Porque te quiero.
PD: ¿Súper gay, no?
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