En libertad, como los
pajarillos, en libertad.
Que nadie me pregunte, a donde vas.
Sevillana de la Libertad. Patricio Mans
Y no te quejes, papa,
Sevillana de la Libertad. Patricio Mans
Y no te quejes, papa,
no te quejes por nada.
Si del cielo te caen limones,
aprende a hacer limonada
El Gran Varón. Willy Colón
El Gran Varón. Willy Colón
Los personajes que le dan vida a esta crónica, fácilmente podrían haber quedado en una historia, por separado. Sin embargo no lo hice, no porque no se lo merezcan, sino más bien porque para mí son un todo. Un dragón, de tres cabezas, conmigo. Una verdadera familia.
Recuerdo aquel reportaje que escribí en la Escuela. Entre paréntesis, intenté leerlo para inspirarme, pero de verdad, es intragable. No por el contenido, sino más bien por lo mal escrito que estaba. Críptico, un desastre. En definitiva, hago referencia a él, porque en lo que quise expresar allí esta gran parte de nuestra historia familiar y la suerte de secreto para mantener la relación que tenemos hasta el día de hoy. No sé si será una receta efectiva para todos, pero a nosotros nos sirvió.
Aprender a compartir momentos y actividades como familia, fue el primer paso. Respetar esos espacios, por pequeños que estos fueran, para aplicar el cliché de que “calidad de tiempo es mejor que cantidad de tiempo”. Ver el partido de Colo – Colo con mi padre, era uno de esos momentos sagrados. Recuerdo las muchas veces que mis amigos entendieron este proceso. Como un momento importante para nosotros y lo respetaban. Y lo que más importaba, nosotros lo respetábamos.
Ir a la casa de “La Nany” o hacerle masajes en la espalda a mi madre, me pueden abrir miles de puertas a cosas que yo quiera hacer. También son momentos muy nuestros. Que compartimos con alegría y que en ellos, todos quienes se precien de cercanos a mi familia, tienen que haber vivido alguna vez.
Lo otro que aprendimos fue a no discutir. Eran pocos los días que estábamos juntos y era preferible pasarlos en paz y tranquilos. Es, hasta el día de hoy, un ejercicio de tolerancia para ceder, y respetar la opinión del resto de los integrantes de esta familia.
Todas estas cosas, por pequeñas que parezcan han sido, según mi opinión, centrales, en la medida que hemos forjado una familia que se respeta, comparte y se relaciona de acuerdo a las condiciones que el sistema nos propone. Incluso en el momento más difícil, que creo que hemos vivido, que ocurrió este año, nos apoyamos y cada uno ocupó el lugar que le correspondía. Desde su propia trinchera ayudó en pos de lo que siempre hemos luchado, el bien de los tres.
Sin embargo, creo que ustedes tienen más que claro como han fortalecido su relación y de paso han forjado esta familia, en la cual a mi me tocó vivir. Mal que mal, darle magia a 21 años de matrimonio, dudó que sea fácil. Y quisiera aprovechar este y por espacio para señalarles lo orgulloso que estoy de pertenecer a esta familia.
Cuando era más pequeño, hacia las cosas, para que no peleáramos. Pero a medida que crecí me fui dando cuenta del rol que me compete en este trío de personajes. Y recién les decía que me sentía orgulloso de pertenecer a esta familia, y por ende, orgulloso de cumplir dicho rol.
Porque siempre sentí el apoyo irrestricto de parte de ustedes. A pesar de ser hijo único, dejaron sus aprehensiones de lado y me dejaron ser libre. Nunca me voy a olvidar, cuando me apoyaron en mi relación con la Pame. Fue el momento en que me sentí más feliz y más contento de ustedes. Más orgulloso de que mis padres comprendieran el fondo de lo que me pasaba. Aunque pudieron no estar de acuerdo. Pero me apoyaron igual. Eso es impagable.
Me han respetado siempre en mis decisiones. Recuerdo también la primera vez que fui a scout. Aquellos papeles que se escribieron claramente denotaban un desacuerdo entre ambos. Pero mi padre tuvo la osadía de oponerse a mi madre, y esta, la grandeza de comprender finalmente y respetar aquella decisión.
Siempre me he sentido incluido en las decisiones familiares. Nunca excluido. Se respetan mis opiniones. Nunca escuché un castigo o un reproche por la hora en la que llegué. Aunque si preocupación y algunas críticas. Ni siquiera cuando me asaltaron estúpidamente, me coartaron mi juventud ni mi niñez.
Aprendí a ser responsable, a ser excesivamente puntual A disfrutar con la lectura y con la salsa. A ser sensible y escuchar. A respetar a todos y expresar mis diferencias con el mismo respeto que yo exigía. Simplemente, me forjaron la personalidad, con el ejemplo más lindo. Una pareja estable y sincera. Una familia sólida y que aprendió en el camino de la vida.
Nunca sentí el rechazo hacia alguien que llegó a la casa. Al contrario, se le atendió como me atienden a mí. Y eso habla de una tolerancia y un respeto a las decisiones de su hijo. Algo simplemente envidiable, para cualquier hijo. No tuve un libertinaje. Porque cuando me equivoqué, me lo dijeron. Me lo hicieron notar. Y siempre me enseñaron a ser responsable de mis actos y asumir los errores.
Por todo ello quiero darles gracias. Por ser así conmigo. Porque aunque suene a lugar común, si tuviera que elegir una familia, antes de nacer, sin lugar a dudas hubiese elegido una como la nuestra. Porque nunca han sido fáciles las cosas. Primero los caracteres, luego la distancia. Posteriormente las diferencias de opinión y las complicaciones de la vida.
Pero siempre ganamos en aquella lucha eterna de la vida. Aprendimos, quizás de los errores, pero siempre usamos la experiencia, para que hoy, muchos de mis amigos, envidien la confianza y todo lo que encierra a esta familia. Una familia que, como titule aquel malísimo reportaje para la Universidad, nunca vio en la distancia una razón para olvidar lo más central en una familia: que nos amamos.
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