viernes, 14 de septiembre de 2007

Una vez Scout… Siempre Scout

Por mi honor prometo,
hacer lo que de mí dependa,
para cumplir mis deberes
con Dios y La Patria,
ayudar a los demás
en toda circunstancia
y vivir la Ley Scout.

Promesa Scout



Acabo de llegar de mi campamento de invierno. Por tercer año consecutivo, el escenario fue Puente Negro. Pero, a diferencia de los dos años anteriores, este traerá muchos más coletazos de los que me podía imaginar.

Difícilmente olvidaré esta parte de mi vida. Y es aún más difícil plasmar en estas líneas, las razones de por qué llevó once años participando en un Movimiento como este. Es de suyo complejo, para mi, incluso enunciarlo oral o mentalmente; mas aun, hacerlo por escrito.

Como ya se dieron cuenta, esta historia tiene que ver con el Escultismo. Aquel movimiento, para el cual este año es más que simbólico. En unos días más, el primer día de Agosto, se cumplirán exactamente 100 años de aquella noche en el nuestro fundador, Robert Baden Powell, selló aquella promesa en la Isla de Brownsea, con los primeros muchachos que le dieron vida a lo que en su cabeza todavía estaba en pañales.

Y para mí, también lo es. Porque cuando salga a la luz este libro, quedarán poco más de dos meses de participación en lo que podríamos llamar, espero, mi primera etapa en el Movimiento Scout.

Siete años como beneficiario. Y casi cuatro de dirigente. Muchas historias que contar que podrían graficar la importancia que tiene el Escultismo para mí. Pero creo que hay una, que es paradigmática respecto de mi relación con este movimiento. Tenía cerca de 13 años. Se acercaba por primera vez, un campamento de verano en el mes de enero. Coincide con el campamento en el que Felipe, mi hermano de facto, no podía ir dado que estaba en cama con una fractura.

Entonces, el tedio y la desidia de la pubertad se apoderaban de mí. Además no estaría mi partner, hasta ese entonces, mi único partner en el Movimiento. Así que le solicite a mi madre que mintiera para que excusara respecto de mi asistencia a ese campamento. La historia es la clásica. Basto medio día de ausencia en el campamento, para que me hirvieran los pies por viajar a Aguas Frías. Y ahí noté que al Movimiento, al cual entré cuando tenía 10 años más por estar con mis compañeros de curso, le había tomado cariño.

Cariño que se transformó en pasión durante mi última etapa en la Tropa y el año y monedas que viví en la Ruta. Ir conociendo el sustrato teórico, político e ideológico del Movimiento, hace apasionar a cualquiera. Y por supuesto, a mí también.

Cuando conoces la ley, la promesa y todo lo que hay detrás, se transforma en un vicio. Cuando conoces a gente tan admirable como Sergio Merlo y Raúl Gallardo, reconoces un espejo para llegarle aunque sea a los talones.

Hoy la historia es distinta. Llevó cuatro años como dirigente de la Tropa y hoy ocupó el mismo lugar que ocupaba cuando yo era beneficiario, el gran Hugo Cárdenas. Luego de este tiempo, creo que es necesario hacer un alto en mi historia del Movimiento, que es mas por necesidad que por otra cosa, Pero siempre pensé que mi tercer año de la U. sería mi tope. El tope sano, y necesario, creo.

Por varias razones. La principal, cansancio. El desfallecimiento propio de luchar siempre contra la corriente. Creo que no existió año en que no me gastará en discusiones por causas pérdidas en el grado de autoritarismo y dictadura presente en el Grupo. Con ello, siempre chocaba.

Además tiene que ver con dar un paso al costado, en pos de los niños y que obtengan algo mejor. Y sobre todo con preocuparme de las largas 600 horas de prácticas que la Universidad me pide para graduarme y transformarte en mi principal sueño: periodista.

No creo que sea hora de evaluaciones. Sólo es momento de dar un paso al costado. Después, la historia y los propios niños juzgarán si deje algo en aquellas actividades, en las que, sin lugar a dudas, puse todo mi corazón.

Sólo espero que ese esfuerzo haya alcanzado para cumplir mi gran objetivo. Que quienes hoy ocupan el rol de beneficiarios, alcancen a vivir algo, de lo que maravillosa que fue mi época de beneficiario. Con muchos compañeros de curso, miles de anécdotas. Arroz sin sal y patrulla Puerco incluidas.


Respecto al Escultismo, tengo un sueño. Trabajar con niños de escasos recursos y en riesgo social. Salir del grupo ABC1 en el que estoy metido y llegar a trabajar con niños comprometidos, necesitados de alguien que les de una alegría distinta a los difíciles momentos que día a día viven en sus casa. Pero eso será en mi segunda etapa. Que sueño vivir.

Y que ya con el Nivel Básico, quisiera reencontrarme con una pasión, con uno de mis vicios. Sólo Dios sabe si lo lograré. Si no es así, me voy conforme. De haberle puesto el corazón. Como en todas las cosas que hago y me apasionan. Me voy sólo en la práctica, porque como dice el dicho, ¡UNA VEZ SCOUT, SIEMPRE SCOUT!

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