El tiempo creció nuestra amistad.
Me consolaste cuando estuve triste.
Me acompañaste en situaciones difíciles.
Compartimos risas y llantos.
Cuando estuve a punto de caer,
me sustentaste.
Amiga Mía. Autor desconocido
Amiga Mía. Autor desconocido
Dos almas libres por naturaleza inspiran las líneas que a continuación escribo. Dos personajes parecidos, pero, al mismo tiempo, tan diferentes. Dos personajes, que casi sin proponérselo, marcaron a fuego una parte importante de mi vida.
Lo primero que siento necesario hacer, es una justificación de por qué han sido descritas juntas, si son tan distintas. La verdad, sólo puedo decirles que es por un tema temporal, es decir, porque aparecieron y fueron centralmente importantes en el mismo momento de mi vida. Vale la pena decir, que aparecen en estas líneas, porque, de una u otra forma siguen ocupando un rol importante en mi deambular por la carretera de la vida.
Se que ambas, me dirán cuando lean esto, que soy FOME y LATERO, cosa que se esmeraron durante mucho tiempo de refregarme en la cara. Pero se que me aprendieron a querer así, y se sentirán orgullosas de que este humilde “escribidor”, las siga teniendo en su corazón (cursi, ¿no?)
Corría el año 2003. Felizmente (al menos eso sentía en ese momento) pololeando con mi querida amiga Melissa. Ellas, durante el año anterior, se transformaron lenta y paulatinamente en mis mejores amigas. Nos aprendimos a conocer y a complementar. Ese año, cuando se produce el primer de los miles de quiebres que posteriormente tendría esa relación hay una escena que me quedó grabada.
Porque yo me sentía acongojado. Ahogado y, por sobre todo, impotente. De no poder hacer nada para recuperarla, ni menos para sacarla de mi corazón y de mi cabeza. Estábamos en la casa de Marcela Fernández (Marce). Estudiando no se que cosa. Y reventé.
Lloré y lloré. Y ellas, intentaban infructuosamente consolarme. Me apoyaron. Me escucharon mil y una veces. Como olvidar la famosa y nunca bien ponderada, “teoría de la piedra”[1] que Pierangella Pietrantoni (Piera) esgrimió. Hasta hoy la recuerdo y la aplico, cada vez que puedo.
Eso, nunca lo olvidaré. Porque para una persona que le cuesta abrirse sentimentalmente y que rara vez contó sus intimidades hasta ese momento, es muy importante, que con claridad y a veces con dureza, le digan las cosas. Tal y cual son.
¿Cliché científico?
La Marce. Primeramente es un persona, por decirlo menos, especial. Es muy difícil, entenderla, fuera de su lógica, e incluso es difícil entenderla dentro de ella.
Sus intereses, sus motivaciones, cambian de un momento a otro. Hay que conocerla. Y quererla así. Las estructuras y el sentido común no existen en su forma de actuar.
La antítesis clara de mi personalidad, conservadora, estructurada y ortodoxa, es la suya: liberal, desorganizada y vanguardista. Siempre, me he preguntado la verdad por qué somos tan amigos. Y para no caer en el cliché científico, de que “los polos opuesto se atraen”, quisiera retratarlo con un detalle. Quizás para muchos una anécdota. Pero para mí, la demostración de una amistad real.
Año 2004. Yo me iba del colegio, con la presión por el suelo. Y apenas divisaba a mis compañeros. Entre ellos, estaba ella. Yo dormí un poco, me estaba recuperando. Suena mi celular. Marce Fernández, decía la pantalla.
Un minuto de su celular, que gastó en mí. Mucho para una persona que tenía plata en el teléfono una vez al año. Quizás dos o tres. Un gesto que no recuerdo si a alguien se lo comenté, pero me sacó más de una lágrima. Que, me demostró que había una amistad demasiado importante.
Y ahora, tres años después, de aquel hecho, sigue ocurriendo lo mismo. De cuando en vez y de vez en cuando, mi celular vuelve a sonar. Otra vez con su nombre o un número de Santiago. Sólo sé que, no necesitamos nada más que eso. Una llamada, un correo electrónico o señales de humo. Sólo eso, para que tres o cuatro veces al año, revivamos por algunas horas, la hermosa amistad que tenemos.
De verdad, si alguien alguna vez me preguntará la definición de amistad, yo la encerraría en un nombre: Marcela Fernández. Porque digan lo que digan de ella, conmigo ha sido un siete. Y quizás me quedó corto.
La cotidianeidad de una amistad
La Piera. Llegó desde Santiago y ahí, por primera vez descubrí, que no estaba equivocado. Porque era la única persona que con los mismo quince años que tenía yo hasta ese momento, se reía de lo mismo que yo.
Una personalidad igual de imponente que su inteligencia (¡No es irónico lo de personalidad!) Emocional y estudiosamente inteligente. Podía hacer de todo y cualquier cosa le salía bien. Y con gracia.
Atractiva personalidad. Que más allá de una simpatía extremadamente sensual, hacen de ella una bomba de mujer. Una caja de Pandora.
Y eso, siempre me atrajo de ella, De esa persona que se me declaro por el MSN. Aquellos incidentes tan característicos de su ajetreada forma de vivir, como aquel de la Parada Militar, donde su ex – novio participó. Lo llamó su novio, en circunstancias que hacía menos de 72 horas, que tenía nuevo novio. Una persona, que a mi entender, esta marcada por la estrella del éxito. Una fuerza mental envidiable. Simplemente ella.
Debo reconocerte, por primera vez quizás, que siento que tengo una deuda contigo, que no sé si podré saldar alguna vez. Ocurrió cuando supe de la muerte de tu padre. Responsabilidades académicas me impidieron estar contigo más tiempo, como tú lo hiciste cuando terminé con la Melissa. Y no me lo perdono. Te pido mil disculpas por eso. Porque contigo se cumplió uno de mis máximos temores cuando entré a la Universidad: no estar cuando alguien a quien yo quiero me necesitará. Sentí que no te pude acompañar. Que no estuve allí.
Es extraño pensar que estoy escribiendo esto. Pero, tú fuiste muy importante, en la cotidianeidad de mi vida. Fue el día y día. Lo “normal” y habitual, eso que a ti tanto te molesta, lo que nos hizo amigos. Las pruebas de Historia y Biología, las discusiones filosóficas y estructurales de la vida. Los carretes, las bromas y las conversaciones nimias y triviales.
No quise extraer ningún momento en especial. Porque, contigo, todos son especiales. Podemos dejar de vernos mucho tiempo, pero, cuando lo hacemos, revivimos aquellos momentos. Una palabra, un gesto. Una mirada y una sonrisa. Eso es necesario para sentirte cerca. Para recordarme, que, en muchos años más, alguna cátedra en la Escuela de Medicina de la Universidad Católica, será dictada por la prestigiosa Doctora Pietrantoni. Mi amiga personal.
[1] Teoría de la piedra: Paradigma que implica la necesidad imperiosa que tendría en algún momento el despechado o despechada, de golpear con una piedra a su odiada ex – pareja. En palabras simples, querer cruzar en la calle y sacarle la conch… are. ¡Perdón Señor Juez!
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