viernes, 14 de septiembre de 2007

Desde El Día En Que Nací...

Laureles deja por todos los caminos,
que virilmente luchando conquistó,
antorcha inmensa de gloria es su destino,
que alumbra siempre con fuego de campeón.

Himno de Colo - Colo



Esta historia, debe ser de las pocas, que no hacen referencia a personas o actividades. Prácticamente, es la más intangible de todas las historias, porque, como dicen mis amigos de la Garra Blanca, es mas que una pasión, es un sentimiento.

Injusto sería con la historia de Colo – Colo, plagada de alegrías y triunfos, en rescatar una historia que represente esto a lo que hago referencia en el párrafo anterior.

Sin embargo, quienes lean esto y tengan solo un poquito de recuerdos futbolísticos, coincidirán conmigo en algunos pasajes en que Colo – Colo traspasó las barreras del fútbol chileno. El primero de ellos, es evidentemente la Copa Libertadores de América del año 1973. Se llegó a la final, se perdió ante un gran equipo. Pero si al Gringo Neff no lo hubiesen metido con pelota y todo dentro del arco, quizás seríamos bi – campeones.

Lo mismo ocurrió el año 1991. Allí, eso sí, se ganó la Copa en la semi – final. Contra Boca Juniors, con aquel recordado golazo de Marcelo Barticcioto. Y otra vez, el pueblo colocolino fue más de la mitad más uno que es, regularmente.

El último instante fue la última Copa Sudamericana. También caímos ante un gran equipo. Pero dolió como aquella vez contra Independiente de Avellaneda. Esta vez, la Copa se miraba pero no se tocaba.

Han sido tres momentos que viví de diferentes formas. La primera de ellas, no estaba vivo, pero en la historia he entendido como una vez más los arbitrajes ayudaron al equipo grande. La segunda, con mi padre en el Estadio Monumental y yo grabando el partido histórico contra Olimpia del Paraguay. El tercero, la sufrí con mis amigos.

Pero, indistintamente, sea el partido más importante o el más intrascendente, siempre que juega Colo – Colo, me pongo igual de nervioso. Me como las uñas, me pongo ansioso. Recuerdo que hubo un año, en que Colo – Colo terminó séptimo y octavo. Más encima, fue el año que la salió campeona. Y las vicisitudes de la vida los enfrentaron en el último partido.

Era el Colo – Colo de Fernando Morena. El mismo tipo que de un cabezazo enterró los sueños de Cobreloa de ganar la Copa Libertadores. Con aquel gigantesco jugador brasileño llamado Marquinho. La historia recordará ese partido por dos cosas. Porque fue el día en que celebro la “U”, su campeonato y por el baile que de la mano de este carioca que no rindió durante todo el torneo, le dio a su archirrival, el Eterno Campeón.

Y recuerdo que al otro día, a pesar de que ese año, la campaña del Albo fue un fracaso, viví, en carne propia, la frase que popularizó el Zorro Álamos. Al otro día, el café fue más dulce y la marraqueta fue más grande.

En esa frase, se resume la pasión por un equipo de fútbol. Porque da lo mismo en el momento, pero, siempre que Colo – Colo gana, me cambia el genio. Y, sin ir más lejos, lo viví en el Estadio Nacional, hace algunos días. Cuando pase 85 minutos atornillado, casi acalambrado, al asiento.

Hasta que apareció, el “Grillo” de la buena suerte, que nos dio la alegría de clasificar a la siguiente ronda de la Copa Sudamérica y , además, una marraqueta más grande y un café más dulce.

I
Nunca he entendido muy bien la pasión por un club de fútbol. Pero lo que tengo claro es que existe. Y la vivo en carne propia. Porque, como dice la canción de la Garra Blanca que más me gusta, “de blanco fue de que nací y de blanco me voy a morir"

No hay comentarios: