Iba, con mi caballo,
cansado y sucio,
arrancando de una mujer.
Hágalo Usted Mismo. Los Tres
Hágalo Usted Mismo. Los Tres
Creo, sinceramente, que no existe mejor momento para escribir esta crónica. Porque, al igual que dentro de mi familia, esta relación de amistad ha sido un constante aprendizaje, que sin ir más lejos, tuvo en estos días un nuevo episodio, un nuevo hiato o punto de inflexión.
El personaje a quien le dedico estas líneas es uno de aquellos que jugó, juega y jugará un rol muy importante en mi vida. Suena medio cursi, y, al mismo tiempo, extraño (gay en realidad), pero esta relación es, definitivamente, especial.
Tan especial es, que mis ideas sobre nuestra amistad, que podría poner a continuación no fluyen en mi mente como lo han hecho en otras historias. Quizás, lo único que podría encerrar o, mas bien, graficar nuestra amistad es una frase de suyo problemática.
Como me dijo alguien en otra ocasión, si el destino existe, fue este el encargado de evidenciar y de juntar nuestros caminos en uno que muchas veces parece confundirse. Sobre todo cuando nos necesitamos. Inexorablemente, estamos presentes en esos momentos difíciles. Y en los felices evidentemente también.
Recuerdo aquella conversación telefónica, que aparentaba, en su estructura superficial, ser tan insulsa como muchas, pero que contiene, en cuatro frases, dos de los conceptos más importantes de esta amistad.
Suena mi celular luego de un partido de baby – fútbol, que jugué luego de unos de los momentos más tensos de mi vida. Estaba ahogado. Necesitaba hablar con alguien. Y por unas horas, la redonda pasión del fútbol, sacó de mi cabeza la preocupación de haber estado ad portas de besar a la “mina” de un amigo.
Pansho al habla. Saludos protocolares que evitaré por piedad a los pocos lectores que tendrán estas crónicas, y, de golpe, las preguntas que quiero rescatar, parafraseándolas, porque no las recuerdo tan nítidamente:
- ¿Estas en tu casa?
- Acabo de llegar de jugar fútbol, respondí.
- ¿Y te puedo ir a ver?
- Si, obvio. Dame 10 minutos para ducharme y vienes, ¿vale?
Primer detalle. A este personaje no lo había visto en todo el fin de semana. No sabía de mis actividades con la “susodicha” mujer. En definitiva, no tenía por qué llamarme. Y lo hizo, con el sólo objetivo de visitar, su segunda casa, como ha reconocido más de alguna vez.
Segundo, y tanto o más importante. Entender, claramente, que detrás de ese “Sí, obvio”, en el sub – texto, o en la “estructura profunda” como dice Chomsky, se escondía un: ¡Sí, por favor!
Y eso, solamente lo da el conocimiento de las personas. Conocimiento que, en nuestro caso, se remonta al primer día en que ambos pisamos por primera vez, (¿Cómo dijo?) el Instituto San Fernando. Conocimiento no exento de problemas, pero como verán o vieron en la crónica sobre mis padres (no se cual será primero), a esta gran amistad también le sienta el concepto de aprendizaje.
Aprendimos que teníamos en común muchas más cosas que las que creímos. Supimos tolerarnos de a poco. Paso a paso, se fue forjando una de las amistades más puras y reales que he tenido jamás. Descotando a Felipe Fonseca, que es mi hermano, aquel que nunca tuve, y siguiendo la lógica de aquel correo electrónico que escribiste y que hasta lágrimas me sacó, serías algo así como un muy buen hermanastro.
Hemos tenido conflictos. Hemos reído y hemos llorado juntos. Y podría escribir veinte páginas con anécdotas, ya sean felices o tristes, que nos han unido cada día más.
Aquel día que casi chocamos con la entonces hija del Prefecto de Carabineros. O aquella tarde que casi nos subimos a la vereda por un episodio que te ofuscó muchísimo. O la “maldición de Eneas Gonel”. Y muchas otras que en tu recuerdo y el mío, en mi corazón y el tuyo, son marcas indelebles de una relación, que es mucho más que una amistad.
Nuestro lazo, es mucho más fuerte que todas las cosas que hemos pasado. Eres una de las pocas personas en mi vida que influye claramente en lo que hago o dejó de hacer. A veces nuestros egos chocan y discutimos. Pero, en general, terminamos riéndonos de todo. De los problemas y del mundo en general. Que, de vez en cuando, nos recuerda que nos necesitamos. Por una razón muy simple y que puede que no te guste decirlo, pero es la realidad: NOS QUEREMOS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario