viernes, 14 de septiembre de 2007

Dos Mujeres En Una

“Dime si él, te conoce la mitad.
Dime si él, te ama la mitad.
De lo que te ama este loco…
Que (ahora si) dejaste en libertad”

Ricardo Arjona, Te conozco.




Sinceramente, creí que nunca más iba a escribir sobre este personaje. La primera mujer a la que le di un beso y la primera a la que le dije te amo. La primera que fue mi polola. La primera que logró tenerme pendiente de lo que le pasaba a ella. En definitiva, la primera que me robó el corazón y mi primera fuente de inspiración.

Pero también fue la primera que me hizo sufrir. La primera que me trató mal. La primera que me descolocó. La primera que golpeo a bofetadas mi ego. En definitiva, la primera que rompió mi corazón y la primera fuente de tristezas y llantos.

Quiero contarles una historia, que probablemente quedó mucho mejor retratada en una carta que le envié a este personaje. De esta forma, eso sí, quiero demostrar lo que me pasó con la primera cara que ella me mostró. Esa que me sedujo, que me conquistó. Esa que me mantuvo embobado durante largo tiempo.

Picarquín. Enero de 2003. Terminaba el Campamento Huenuican, que tenía por objeto darle unas vacaciones a niños en riesgo social. Casi sin proponérmelo, conocí a una mujer extraordinaria, según mis ojos. Una mujer que, por primera vez, hizo que me sintiera importante para alguien. Atractiva, derrochaba personalidad. Se sabía guapa. Y, por lo mismo, estar con ella para mí era un lujo.

Recuerdo el día que me vine del campamento a San Fernando, con el objeto de cambiar ropa, descansar, comer algo que no fuera la horripilante e insípida comida de la JUNAEB. Ahí descubrí algo que no había sentido nunca antes en mi vida: echar de menos.

El contexto era el siguiente. Acostado en el mismo sillón que hoy uso para escribir en estas líneas. De paso, sobrellevando el calor que significa estar en mi casa. Me encontraba disfrutando del deporte que, después del fútbol, más me apasiona y obnubila: el golf. Entonces descubrí aquel sentimiento, aquella sensación que sentimos cuando necesitamos estar de cierta forma con alguien. Echar de menos.

Subo al segundo piso. Soportando la suerte de sauna que parece mi pieza en época estival, comienzo a escribir. Porque ese día y por bastante tiempo más, el calor de mi corazón era mayor. Y en ese momento, lo dejé hablar por primera vez. Habló por más de seis largas páginas, que representaron una forma de hablar contigo. Pero también una buena terapia para descubrir lo que realmente sentía. Una catarsis inmejorable, que hasta el día de hoy, no he dejado.

Nuestras últimas conversaciones han sido disímiles como toda nuestra relación. Peleamos y cortamos la llamada. O hablamos mucho y verbalizamos lo mucho que nos queremos. En esta relación que lleva largos cuatro años, hemos sido de todos. Fuimos novios, amantes, amigos y enemigos. Nos quisimos, nos amamos y nos odiamos. Pero nunca hemos sido indiferentes. Desde que nos conocimos.

Eso confirma lo que siempre he señalado sobre el olvido. Que nunca te podré olvidar. Y por qué no quiero olvidarte. Y porque creo que uno no debe ni tiene que olvidar. Como te dije en la última conversación que tuvimos, estoy aprendiendo que en tu vida ocupo un lugar muy importante. Y no te imaginas cuanto me gusta ocupar ese lugar. Y mucho más me gusta que estés dispuesta a ocupar ese mismo lugar en mi vida.

Creo, sinceramente que no es lo mejor que te he escrito. También creo que es difícil, dejarte fuera de mi corazón en este momento de mi vida. De verdad siempre quise que las cosas entre nosotros fueran distintas. Pero, estoy un poco cansado de luchar. De que cada cierto tiempo, necesites que te demuestre que estoy a tu lado. Que cada cierto rato te guste probarme. Y criticarme cada vez que no rindo lo que tú esperas.
Definitivamente, el sentimiento que tengo hacia a ti es innegable. No creo que pueda olvidarte, ni menos quiero olvidarte. Ocupas un lugar importante en este corazón. Pero, a mí me gusta la mujer que conocí en Picarquín. No la que me hizo sufrir. La que me valoraba y no la que me saca en cara mis errores. La que me quiere y no la que instrumentaliza, porque siempre cuenta conmigo. No sé si volverá la primera mujer, pero no quiero convivir con la otra. De verdad.

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