En lo personal, pienso que los libros están reservados para una suerte de “élite intelectual” que se considera o se hace llamar escritor. El cual, cualquiera que me conozca, sabe que no es mi caso. No me considero escritor ni menos perteneciente a dicha casta intelectualoide de nuestro país.
Por lo mismo, me da algo de pudor llamarle a esto, un libro. Simplemente responden a un deseo de escribir. Y a través del lenguaje, agradecer a todas y cada una de las personas por su participación en mi vida. Sobre todo, porque no creo que existan muchas personas interesadas en saber de mi vida. Es comercialmente un fracaso, aún.
Independiente de eso, lo pasé muy bien haciendo esta suerte de revisión a mi vida. Fue casi un año de escribir sobre lo humano y lo divino. Fue un año de incluir personas, de sacarlas, de pulir la idea. De lograr un producto atractivo, con el que me sintiera conforme. De hacer 20 historias igual de buenas o igual de malas, según como se mire.
De que ninguna quedará mejor que la otra. Y que fuera un fiel reflejo de lo que dicha persona, cosa, lugar o sentimiento, significa para mi vida. Una vida que en estos veintiún años de caminar por el mundo, ahora, lo que le falta para no pasar desapercibido es tener un hijo. Porque ya plante un árbol y con esto, estoy terminando el segundo paso, escribir un libro.
Espero no haber sido injusto con nadie. Pero, como me dijo alguna vez mi amiga Natalia, deberían estar contentos con el sólo hecho de salir en el libro. Y espero que ese sea el espíritu de todos. Gracias por ser parte de esta volada. De querer cumplir uno de mis sueños. Gracias a todos los que asistan ese día.
¿Saben? A todos los que lean esto, quiero pedirles un favor. Veinte historias y media, es sólo el comienzo. Que en diez o veinte años más, quisiera coronar con una segunda parte. Es una suerte de diario de vida, que he escrito con sus palabras, risas, besos, amores, encuentros y desencuentros. Diario, de mi vida, que espero seguir escribiendo junto a ustedes, cuando salga a las luz Cuarenta o Treinta Historias y Media. De esta forma, adhiero al epitafio de Nicanor Parra. “Voy y vuelvo...“
Por lo mismo, me da algo de pudor llamarle a esto, un libro. Simplemente responden a un deseo de escribir. Y a través del lenguaje, agradecer a todas y cada una de las personas por su participación en mi vida. Sobre todo, porque no creo que existan muchas personas interesadas en saber de mi vida. Es comercialmente un fracaso, aún.
Independiente de eso, lo pasé muy bien haciendo esta suerte de revisión a mi vida. Fue casi un año de escribir sobre lo humano y lo divino. Fue un año de incluir personas, de sacarlas, de pulir la idea. De lograr un producto atractivo, con el que me sintiera conforme. De hacer 20 historias igual de buenas o igual de malas, según como se mire.
De que ninguna quedará mejor que la otra. Y que fuera un fiel reflejo de lo que dicha persona, cosa, lugar o sentimiento, significa para mi vida. Una vida que en estos veintiún años de caminar por el mundo, ahora, lo que le falta para no pasar desapercibido es tener un hijo. Porque ya plante un árbol y con esto, estoy terminando el segundo paso, escribir un libro.
Espero no haber sido injusto con nadie. Pero, como me dijo alguna vez mi amiga Natalia, deberían estar contentos con el sólo hecho de salir en el libro. Y espero que ese sea el espíritu de todos. Gracias por ser parte de esta volada. De querer cumplir uno de mis sueños. Gracias a todos los que asistan ese día.
¿Saben? A todos los que lean esto, quiero pedirles un favor. Veinte historias y media, es sólo el comienzo. Que en diez o veinte años más, quisiera coronar con una segunda parte. Es una suerte de diario de vida, que he escrito con sus palabras, risas, besos, amores, encuentros y desencuentros. Diario, de mi vida, que espero seguir escribiendo junto a ustedes, cuando salga a las luz Cuarenta o Treinta Historias y Media. De esta forma, adhiero al epitafio de Nicanor Parra. “Voy y vuelvo...“
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