“Gracias a la vida,
que me ha dado tanto,
me ha dado la risa
y me ha dado el llanto”
Violeta Parra. Gracias a la vida.
Violeta Parra. Gracias a la vida.
Esta historia se remonta a una época en la que yo me encontraba sólo como un proyecto. A mediados de los ajetreados años ochenta, aparentaba ser un día normal en la casa de mi abuela, la “Nany”, como la haría famosa años después. Ese día, Olga González llegó a aquella casa del pasaje Antivero 651, embarazada de un hijo y madre soltera. Lo que, en la conservadora sociedad nacional de entonces, era una suerte de sacrilegio. Ese día, cambiaba mi futuro, y, por ende, mi presente.
Así inicie, un reportaje que escribí sobre mi familia durante el año 2006, que me pidieron en la Universidad. . Y es, creo, sintomático, que en un reportaje, haya aparecido Felipe Fonseca, a quien están dedicadas estas líneas.
Cuando uno analiza su vida, es indefectible que aparezcan personas que no pertenecen a tu familia sanguínea, pero que ocupan un importante lugar en aquellos años porque como hemos vivido durante todo estos años.
Y en mi caso, Felipe, desde aquel primer día en que comenzó esta relación de amistad, ocupa un lugar central en mi vida. Desde aquellas peleas durante nuestra infancia, a aquellos carretes que marcaron nuestra entrada a la bohemia sanfernandina, cada uno de los momentos que he vivido contigo, han sido importantes.
Por mi inocencia, y quizás por mi estupidez de niño, señalaba que tú eras, “el que criamos”. Durante esos años me costó valorizarte, porque uno cuando tiene menos edad no mira las cosas con el prisma correcto.
Creo que nunca te lo dije, y que nadie nunca se ha enterado, pero fue difícil para mí, aquel par de años en que tú, tomaste independencia y te alejaste de mi casa. No tenía con quien almorzar, ni a quien tirarle las Tortugas Ninja por la cabeza. No tenía con quien salir a andar en bicicleta ni menos tenía un cómplice para hacer las cosas que mi mama, tu “Lala”, nos prohibía. Pero la vida es suficientemente sabia. Nos juntó en el grupo scout.
Éramos de la misma patrulla, Jaguar. Vivimos campamentos notables. Luchamos por el sueño de vencer a Pansho, Sebastián y sus secuaces Cobra, pero nos uníamos como nunca en los Campamentos de Altas Patrullas.
Luego vino aquella famosa Comunidad en Semana Santa, que a ti y a mi nos cambió la vida. A ti, porque decidiste un cambio de colegio que fue vital para estudiar y transformarte en el profesional que estas empezando a ser. A mi, porque descubrí que teníamos una amistad distinta. Algo mucho más profundo que una amistad.
Porque ocupamos, creo que el uno para el otro, un espacio que no ocupo un hermano de sangre. Pero, nos aprendimos a valorar, a cuidar y a conocernos.
¿Sabes? Durante varios episodios en nuestra vida, esta, nos separaba o más bien, nos alejaba. Primero fue tu lejanía en algo que compartíamos todos los días, como era el almuerzo. Luego el colegio y tu independencia. Posteriormente, la PSU te alejó del Grupo Scout. Y para que hablar de la Universidad, en Valparaíso. Pero tú y yo, nos conocemos hace mucho. Y eso no importó.
Hasta el día de hoy recuerdo y tengo guardada, en mi billetera, la carta que me escribiste en aquel inolvidable campamento de Roma 2004. Y reproduzco, las frases:
“Hola… Hermano, primo, amigo, etc.
Este es un mensaje de felicitación por tu gran esfuerzo acá en el Grupo y crecimiento como persona. Ojala te vaya bien en la PSU y cuenta conmigo Un abrazo, te quiero mucho.
Eso fue una demostración de cariño que yo, verdaderamente no esperaba. Me quedé para adentro, pero tu, siempre has sabido demostrarme tu cariño, aun cuando se que te cuesta mucho hacerlo con otras personas.
Hasta el día de hoy, tú y yo somos amigos entrañables. Nos hacemos regalos en Navidad. Peleamos y vivimos muchas cosas en el pasado. Ocupamos el lugar que, por distintas razones, no ocupó un hermano. Pero, más que a ti, me gustaría decirle esto al resto. Porque creo que tú lo sabes. Que da lo mismo que un hubiese tenido hermanos. No fue necesario. Felipe es, eres y serás mi hermano. El que nunca tuve en la sangre, pero que la vida me lo regaló. Como diría la gran Violeta Parra: ¡Gracias a la vida! Por ti Felipe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario