viernes, 14 de septiembre de 2007

La Redonda Emoción del Fútbol

La historia del fútbol
es un triste viaje del placer al deber.
A medida que el deporte
se ha hecho industria,
ha ido desterrando la belleza
que nace de la alegría de jugar porque sí.

El fútbol a sol y sombra. Eduardo Galeano


Aun cuando esta historia, era una de las infaltables cuando hago una revisión de mi vida, hoy tiene una connotación especial. Una inspiración propia de las vicisitudes y recovecos del destino. Una suerte de sino, que durante este año en que he escrito estas historias, ha hecho que modifique algunas historias, incluya gente, saque personas.

Y esa inspiración tiene que ver con una crónica que leí en un blog, que versaba sobre el triunfo de la selección de Irak, que ganó por primera vez la Copa de Asia. Un hecho, sin duda histórico. Pero aun más notable es la situación que se dio en las calles de Bagdad y de muchas ciudades entre los ríos Tigris y el Eúfrates. Un país formado por diferentes etnias, si se le puede llamar así, que esta sumido en una guerra civil, donde estas etnias tienen diferencias prácticamente insalvables. Ese mismo pueblo, de chiítas y sunitas, se volcó a las calles, y, por algunas horas, olvidó aquellas diferencias y como diría Claudio Palma en el Canal del Fútbol, se unió tras la “redonda emoción del fútbol”.

Esas son las situaciones que hacen al fútbol una pasión inefable. Difícil de explicar en palabras. Más que una pasión, un sentimiento, como dicen nuestros amigos de la Garra Blanca y por supuesto de Los de Abajo. Porque aunque también tienen diferencias insalvables, comparten ese algo, que hace que la famosa frase del Zorro Álamos, se haga vida. “Cuando Colo – Colo gana, la marraqueta es más grande y el café es más cargado o dulce” señaló.

Para muchos, son simplemente 20 tipos detrás de una pelota. Para otros, es un juego. Pero quizás se olvidan que ese simple juego, con 20 tipos detrás de una pelota, produjo una guerra entre Honduras y El Salvador. O quizás no saben. U olvidan, el sentimiento que envolvió a los argentinos cuando la “mano de Dios” o la mano de Diego, apareció para vengar su derrota en la Guerra de las Malvinas, a manos de los ingleses. O quizás tampoco saben.

Y cuando uno tiene a la vista todos estos antecedentes, es inevitable cuestionarse al menos, que tiene ese simple juego para producir estas cosas. Que tiene este juego, que cuando el Santos, un equipo brasileño en el que jugaba Pelé, viajó a Nigeria y detuvo la cruda guerra civil de aquel país por un día. El día en que el equipo de “O`Rey Pelé” jugó y le dio una clase de cómo jugar bien al fútbol.

Hay algunos que se lo atribuyen a los inicios del fútbol profesional. A los albores, cuando en Inglaterra, las clases sociales más bajas comenzaron a competir en este juego, que se parece mucho al que hoy se juega. Dado que era propio de ellos, penetró luego en las clases más altas. Fue en ese momento, donde el fútbol, entró en un punto de “no retorno”. Llegó y para quedarse.

Quién conozca Calama, en Chile, sabrá de lo que estoy hablando. Como dice el estereotipo del calameño, o esta en la mina o juega fútbol. Y la única entretención del minero de esa zona, aquel noble personaje del norte de Chile, es ir a ver a aquel equipo naranja, que tantas alegrías les ha dado. Es una ciudad en donde se respira fútbol. Y la única cancha, donde el equipo más popular de nuestro país juega de visita.

No se sí afortunada o desgraciadamente, a mí, en este juego, siempre me gustó el puesto más ingrato. Alcance a crecer con el Cóndor Rojas y con Sergio Goycoechea. Viví mi infancia con Morón. Ramirez y el gran Paco Buyo. Y ahora veo como los Casillas, los Bufón y los Cech, se lucen bajo los tres palos. Para que hablar de la herencia histórica que nos dejaron Lev Yashin o más conocido como la “Araña Negra” o Gordon Banks.

Fue el arco, donde viví los momentos más lindos y más infelices de mi vida. Aquel karma de jugar 89 minutos bien y ser la figura. Y equivocarme en el último minuto, y ser el villano. Esa presión, de que yo era el único que no me podía equivocar, porque si lo hacía comprometía a todo el equipo. Esa adrenalina de tapar un penal en las Olimpiadas Maristas y que mi equipo terminara ganando 3 – 0. Es algo que el fútbol, y particularmente el arco, me entregan y no existe nada más en la vida, que me lo entregue.

En mis tres años en la Escuela de Periodismo, he aprendido que a veces menos es más. Y quizás esta sea la más corta de mis historias. Pero es la que menos me costo escribir. Demoré cerca de 40 minutos en describir, otra de mis pasiones. O de mis obsesiones, como quieran verlo.

Un Mundial de Fútbol puede paralizar a una nación. El fervor de levantar una Copa, es indescriptible. Por algo marcar un gol, como señaló un gran filosofo por ahí, es como tener un orgasmo. Pero mi orgasmo es evitar los goles. Aquella máxima alegría de ver los treinta y dos cascos de aquel balón inflar la red, a mi me gustaba evitarla.

Y simplemente el fútbol seguirá siendo el deporte rey, pasión de multitudes y todos esos calificativos que siempre le han puesto. Por todas las razones que esgrimí anteriormente. La pelota no se mancha, dijo Diego Armando Maradona, en su despedida. Y espero que no se manche nunca.

Esta historia, la escribo en honor a tantos y tantos personajes. Unos famosos, otros anónimos, que han llenado de tantas alegrías a tanta gente. Artistas de las sonrisas, como los payasos. Pero estos payasos, no cuentan chistes ni hacen piruetas. Simplemente, hacen goles. Y con el deseo que nuestros payasos, algún día, nos vuelquen a las calles como en Bagdad, aquellas arterias del sistema circulatorio urbano, para irrigarlas con la sangre de la pasión y de la alegría de haber ganado y poder gritar que Chile es campeón.

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