Tapas tus tristezas,
al compartirlas conmigo.
Juntos reímos, juntos lloramos,
guardando los cristales en el
bello lugar dorado dentro del corazón.
La esencia de tu amistad. Autor desconocido
La esencia de tu amistad. Autor desconocido
Quisiera dejar fluir libremente mis pensamientos, cual escritor surrealista, para escribir las líneas que describen a este personaje que conocí hace casi un año.
Mujer. Y mujer chilena, como dirían en S.Q.P. Mujer que tiene todos los argumentos necesarios para conquistarme, para seducirme, y para resultarme atractiva. Todas esas cosas las ha logrado, pero con algunos matices.
Linda, tierna, guapa, simpática y gran sentido del humor. Una seductora innata. Las cosas en nuestra relación, simplemente fluyeron. Como estas líneas. Fuiste la primera con la que conversé temas trascendentales, ese año, el 2006, en el retiro de Semana Santa.
Sin embargo, es mi amiga. Una gran amiga, que, siempre me escucha y me da consejos. Y como para mí, la vida esta hecho a base de detalles, ella sería algo así como un permanente detalle. Y no por la poca importancia que tiene en mi vida, sino que se preocupa de las cosas que no todos se preocupan.
Amiga de sus amigos. Y de los no tanto, también. Porque tiene la bondad alojada en su corazón. Bondad que lleva a las personas lejos. En sus ojos, brilla y sale la inocencia que en su corazón habita todos los días y en todas sus acciones.
Han pasado 379 días entre aquel frío y tímido saludo en el patio de mi colegio y el día de hoy, cuando escribo esta crónica. Más bien, su borrador. Y en mi cabeza solo se dibuja aquella sonrisa “eclipsante”, que me imposibilita enojarme con ella. Aquella persona que hasta los errores los comete con bondad. Porque, como dirían en tu querido Nilahue, “eres buena de adentro” (con estilo campesino).
Una persona de alma honesta. Transparente. Porque aun cuando algunos lo dudan, no sé si tengo algo especial o soy muy ingenuo pero siempre siento que me habla desde la verdad.
En Santiago, hoy es un frío día de abril. El viento eriza la piel y, al mismo tiempo, la penetra inexorablemente. El mismo frío que nos erizaba la piel aquella noche en la casa de Matías Escudero. Quizás, nuestro primer encuentro personal. Nos empezábamos a conocer, fuera de los roles de monitor intentando ser serio y aquella linda niña de sonrisa permanente.
¿Saben? Hay una cosa, que desde el primer día, hasta hoy, me fascina de su forma de ser y de encarar la vida: la simpleza. Si lo quieren mirar así, es un poco de envidia. Sólo que lo simple que eres, contrasta con la complejidad que muchas veces le otorgo a las cosas. Generalmente, sin importancia.
Eres una especie de cable a tierra para mí. Porque esa simpleza me tranquiliza. Me da, lo que dice tu segundo nombre, o primero, no lo sé: PAZ. Y, de vez en cuando, necesito tomar ese cable a tierra. Para que me ayude a descansar de lo complejo que aparenta ser mi vida.
Quizás lo único que podría decirle a través de estas líneas, es que ojala puedas, por alguna vez en la vida, creerte el cuento. Sacarte de encima todas las presiones y temores, y pensar que si eres capaz de lograr las cosas. Yo creo que es un poco de comodidad, pero que, necesitas quitarte, para poder cumplir con tus propias expectativas. No con las del resto.
Es esa simpleza en la vida, esta lo que muchas veces te juega en contra. Porque, por comodidad, no te arriesgas ni te complicas más de lo necesario. Y, lamentablemente, no todo el mundo funciona así. No sé si tu y yo, somos adelantados o atrasados a nuestra época. Lo que si sé, es que como te dije una vez: me gusta ser así.
Espero que al pasar de estas líneas, te haya quedado más claro lo importante que fue para mí conocerte. Como te escribí en el mensaje de texto que recibiste en algún minuto. Durante este año, me has entregado muchas más cosas que las que me entregaron personas en décadas. Y, mientras pueda ayudarte, lo voy a hacer. Aquí, en diez o en cincuenta años más, seguiré teniendo una deuda que saldar.
Porque tendría que escribir mil ensayos y extender esta crónica hasta el infinito para agradecerle a Dios, por haber cruzado nuestros caminos. Y para que sean equivalentes al cariño que siento por ti. Te quiero, Naty.
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